Estoy viviendo de cerca un proceso de cambio en una empresa. Observo que lo que más nos inquieta a todos no es tanto adaptarnos a las novedades, sino las incertidumbres que se generan alrededor.   Y particularmente, las incertidumbres relativas a las relaciones interpersonales, a las redes de confianza que se tambalean con el cambio: ¿confiamos? ¿sabrá? ¿sabré? ¿contará conmigo? ¿seremos capaces? ¿nos entenderemos? ¿cuáles serán sus intenciones?

Quizá una manera muy práctica de plantear un proceso de cambio sea orientar los esfuerzos a minimizar esa inquietud, es decir, trabajar desde el momento cero en construir CONFIANZA…  en las personas, en el futuro, en el rumbo, en las competencias de todos… y por mucho que le doy vueltas, no se me ocurre mejor receta que dedicar muchas horas a HABLAR Y ESCUCHAR, a entenderse, a negociar, a intercambiar puntos de vista.

Ojalá seamos lo bastante hábiles como para hacerlo.  Es una apuesta ambiciosa. Es una decisión de cada persona que está participando del proceso de cambio.  Y de nadie más.

Ane Aguirre

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