No hay ponencia o charla sobre management que no hable de la diversidad como valor económico en alza. Hace unos años, cuando se hablaba de diversidad, se hacía desde una perspectiva de equidad, de igualdad de oportunidades, de justicia social… Viendo que esta aproximación tiene un impacto muy limitado en el mundo empresarial, estamos empezando a escuchar discursos más dirigidos a la eficacia y la productividad.

Al parecer, la diversidad está ligada a la capacidad de crear ambientes más creativos e innovadores, de enriquecer los estilos directivos, de desarrollar una comprensión verdaderamente global del mundo, de incorporar en las culturas de las empresas el valor de la superación, etc. Muchas ventajas productivas, que en los tiempos que corren no son nada despreciables.

El otro día, hablando con un amigo, me decía que ya le aburría una reunión si solamente había hombres y que añoraba los comités internacionales en los que participaba cuando trabajaba en su empresa anterior, que es multinacional… Y me llevó a pensar que en todo esto de la diversidad, estábamos dejando de lado un argumento probablemente mucho más convincente que todos los que se utilizan en las charlas y libros sobre el tema: que la convivencia entre “diferentes” es divertida.

Quizá sería más potente plantearlo así: ¿… que vives en un microclima de “iguales”? ¿…que todas las personas que te rodean en el trabajo, en tus actividades de ocio piensan igual? ¿…que todos tus colaboradores o compañeros enfocan los problemas de la misma manera?… pues no sabes lo que te pierdes, porque en lo diverso hay diversión. Claro, que quizá a las empresas no nos importa demasiado que las personas se diviertan, ¿o sí?

Ane Aguirre

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