En Vesper somos estrictos con los procesos de coaching. Claro que creemos firmemente en la aplicación de un estilo propio de “acompañar” en aras a la autenticidad y la creación de una relación de confianza con el coachee y, no es menos cierto, que respetamos las reglas básicas de la disciplina para que los servicios contratados sean realmente eficaces. La confidencialidad, la creación de un espacio auténtico, la petición de acuerdos básicos (valentía, permiso para “incomodar gentilmente”, sinceridad,…), las condiciones profesionales y la utilización de esa “caja de herramientas” del coach al servicio del coachee son algunas de las piezas necesarias para que el cliente consiga ese “resultado extraordinario” que con sus gafas no era capaz de alcanzar.

No obstante, en muchas ocasiones me ocurre que he incorporado tanto ciertos conceptos que no puedo evitar utilizarlos tanto para hablar como para escuchar “de cierta manera”. Y si no que se lo digan a Joseba e Iñaki que, después de muchos kilómetros (re)corridos en los que hemos compartido muchas conversaciones, han decidido convertirse en finishers de su primer maratón. Lo que percibían como un esfuerzo inalcanzable lo han convertido en un reto (como refleja el blog de Iñaki) y en un proceso de entrenamientos sin olvidar la diversión.

Y, como el coaching tiene bastante de acompañamiento, allí estaré con ellos; como diría el amigo Adolfo Cabrales, lo más lejos a su lado

Oscar Garro

Anuncios