En la gran mayoría de los procesos de coaching aparece, en un momento u otro, un concepto recurrente que denominamos conversaciones pendientes. No deja de ser sorprendente cuántas situaciones se quedan ahí,  pendientes,  enquistadas,  bloqueadas,  alimentando emociones  …  por no atrevernos a “conversar”, por no poder o no saber afrontar una conversación que nos parece como mínimo incómoda pero que, al mismo tiempo, sabemos que inevitablemente “tendremos” que mantener en algún momento para poder estar en paz.

De vez en cuando, deberíamos reflexionar sobre nuestras conversaciones pendientes.  Sobre aquéllas que parecen “revolotear” siempre a nuestro alrededor, que nos incomodan, nos presionan y que no acaban de desaparecer.  Incluidas – como no – las conversaciones pendientes … con nosotros mismos, esas conversaciones privadas que sostenemos pero no compartimos y que, muy a menudo, son las más difíciles.

¿ Cuántas conversaciones me gustaría  mantener  …  y no acabo de hacerlo ? ¿ Cuántas cosas me quedan por pedir, ofrecer, aclarar ? ¿ Cuántos sentimientos me quedan por compartir o expresar ?       ¿ Qué gano si lo hago ?  ¿ Qué arriesgo ?  ¿ Qué me estoy perdiendo ?

Jordi Foz

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