VER PARA VIVIR

El veneciano Giacomo Casanova, célebre por la frecuencia de sus encuentros galantes, disfrutó de una estimulante vida más allá de  lo amoroso. Seminarista, violinista, secretario de cardenal, mago, aficionado al juego y poeta, cuentan entre los epítetos que le adornan. Este último, el de poeta, le proporcionó más de  una dura experiencia: la publicación de unos sonetos satíricos, de carácter licencioso, le costó una condena de cinco años de reclusión en la cárcel de los Plomos de Venecia. De ella consiguió evadirse, y la experiencia tornó en sentencia: “Mejor tener un gran proyecto de fuga en una mala cárcel, que una buena vida sin horizonte”.

La vida carece de alegría y sentido sin un objetivo, sin un sueño, sin un proyecto.

Lo mismo les ocurre a las empresas. Se puede sobrevivir año tras año, con buenos planes estratégicos, con buenos resultados incluso, pero la visión a más largo plazo es imprescindible. Generar visión permite a personas y empresas diseñar su futuro, dibujar el escenario donde quieren estar en el medio plazo, y por lo tanto les proporciona más posibilidades de perdurar. La visión genera ilusión, genera tensión para alcanzarla, reta, exige de personas y equipos la puesta en marcha de habilidades nuevas, y además es revisable.

¡Gran hallazgo el de Casanova : ver para vivir!

Araceli Cabezón

4 comentarios sobre “VER PARA VIVIR

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  1. La verdad es que cada vez que tenemos una sesión de visión compartida con un equipo, podemos comprobar la fuerza que tiene mantener una conversación “imaginativa” sobre cómo y dónde queremos estar en 4-5 años… Me sorprendo cada vez y me digo “qué ejercicio tan potente”, tanto para una persona como para un equipo. Ara, me ha gustado mucho el título “VER PARA VIVIR”… nos lo quedamos para los proyectos.

  2. Si, es muy potente, pero no es fácil. Ayer tuve de nuevo ocasión de comprobarlo en un grupo de profesionales reflexionando sobre las “marcas personales”. A varios les costaba mucho darse persmiso para imaginar siquiera un deseo. Intuyo que hay algo que perdemos con la edad: la capacidad de soñar.
    El otro día una directiva inmersa en un proceso de mentoring me comentó el drama que experimentó cuando, al inicio del proceso, se puso de manifiesto que ella vivía su presente sin ningún sueño, sin ningún deseo.
    ¡cómo cambia el presente con un proyecto de futuro! ¿no?

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