El veneciano Giacomo Casanova, célebre por la frecuencia de sus encuentros galantes, disfrutó de una estimulante vida más allá de  lo amoroso. Seminarista, violinista, secretario de cardenal, mago, aficionado al juego y poeta, cuentan entre los epítetos que le adornan. Este último, el de poeta, le proporcionó más de  una dura experiencia: la publicación de unos sonetos satíricos, de carácter licencioso, le costó una condena de cinco años de reclusión en la cárcel de los Plomos de Venecia. De ella consiguió evadirse, y la experiencia tornó en sentencia: “Mejor tener un gran proyecto de fuga en una mala cárcel, que una buena vida sin horizonte”.

La vida carece de alegría y sentido sin un objetivo, sin un sueño, sin un proyecto.

Lo mismo les ocurre a las empresas. Se puede sobrevivir año tras año, con buenos planes estratégicos, con buenos resultados incluso, pero la visión a más largo plazo es imprescindible. Generar visión permite a personas y empresas diseñar su futuro, dibujar el escenario donde quieren estar en el medio plazo, y por lo tanto les proporciona más posibilidades de perdurar. La visión genera ilusión, genera tensión para alcanzarla, reta, exige de personas y equipos la puesta en marcha de habilidades nuevas, y además es revisable.

¡Gran hallazgo el de Casanova : ver para vivir!

Araceli Cabezón

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