Hace unos días tuve la  sublime experiencia de escuchar de nuevo una frase que “me rasca” especialmente: “te vuelvo a repetir”.  Qué queréis que os diga, me resulta como una especie de intento de (con)vencer con pocos argumentos y con un recurso pobre y, sobre todo, erróneo.

Y, además de producirme una ligera sonrisa, me recordó que en muchas ocasiones se utiliza ese “recurso” para reforzar la venta de unos servicios que, en realidad, esconde un desconocimiento que evidentemente redundará (curioso que salga aquí también) en un resultado poco satisfactorio.

Me refiero, entre otros,  a términos como coaching transformacional o coaching emocional. ¿Acaso puede haber un proceso que consiga ese resultado extraordinario sin que haya una transformación, aunque sea mínima, en el coachee? Y, en el caso de las emociones, ¿es posible que elija otro camino y planee un plan de acción retador con el que esté comprometido si no ha experimentado un cambio emocional durante la sesión?

Si la respuesta es que no, es preferible quitar ciertos apellidos. En el caso que sea que sí, la única justificación para vender el proceso a una empresa sería ponerle el cartel de “gratis…total”…y para muestra un botón (no os asustéis, solamente 3 minutitos, del 34’30” al 37’30”).

Oscar Garro

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