Puede ser uno de los riesgos de una etapa de crisis… que se instale un ambiente de pesimismo y que renunciemos a tener proyectos.

Ayer releía un libro de J.A.Marina, “El vuelo de la inteligencia”, y subrayaba la definición que hace del término proyecto: “una anticipación del futuro que deseamos y que nos vamos a esforzar en conseguir”.  A los proyectos les llama deseos decididos, porque combinan la capacidad intelectual de imaginarlos con la capacidad emocional para abordarlos.

Si tenemos un proyecto, la realidad, por difícil que sea, nos hace guiños, las ideas y las cosas se hacen cómplices de nuestro proyecto. Es como si al mirar la realidad a través de ese proyecto, cobrara un sentido diferente.

Propongo que en los espacios para las conversaciones estratégicas en las empresas, concedamos más relevancia a la fase de imaginar y abordar nuevos proyectos…

Ane Aguirre

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