Hace unos días leí, en La Contra de La Vanguardia, una refrescante entrevista con el escritor William Boyd.  Entre otros muchos conceptos interesantes, me resultó especialmente atractivo el que mencionaba sobre las posibles actitudes ante la vida.  Boyd dice que, ante la vida, puedes seguir el mantra del capitalismo salvaje (“haces con tu vida lo que quieres”), el del integrismo religioso (“Dios hace de ti lo que quiere) o …  el de Chejov : “hago con mi vida lo que puedo” ….

Me pareció que, más o menos,  estaba hablando de un frágil equilibrio entre un fatalismo paralizante y una ambición desmesurada que puede llevarte a una permanente insatisfacción.  Al final, en la era de los libros de autoayuda, parece que siempre volvamos una y otra vez a la búsqueda del tan deseado y difícil “equilibrio“.

Personalmente, interpreto y adopto su planteamiento con un pequeño matiz que pretende evitar el conformismo y, al mismo tiempo, el tan generalizado sentimiento de culpabilidad : mi matiz es el de que “hago con mi vida todo lo que puedo”;  todo lo que puedo en lo que respecta a mis responsabilidades, obligaciones, peticiones,  relaciones, emociones,  sentimientos y también  ante  mis “deseos decididos”,  procurando no ampararme en “el destino” o la fatalidad y sin permitir conflictos entre mis actos y  mi conciencia y  valores.  Me daría por satisfecho si  pudiera pensar con toda honestidad, sin excusas ni trampas,  que realmente siempre he hecho con mi vida …  “todo lo que he podido”.

Jordi Foz

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