Los hombres tenemos que aprender mucho de las mujeres. En el libro “Porqué los hombres no escuchan y las mujeres no saben leer los mapas” ya lo dice. Los hombres tenemos dos predisposiciones: una a no escuchar y otra a intentar resolver las cosas inmediatamente. Por eso, cuando nos cuentan algo, nuestro estilo de preguntas va con un objetivo claro de resolución. Si nos preguntan, intentamos dar una solución a la pregunta. Si preguntamos, nuestra pregunta está encaminada a resolver esa situación. Eso lo hemos “mamado” desde siempre.

Y resulta que en el “mundo coach”, cuando te preguntan algo, lo que menos les importa es la respuesta. Las preguntas y las respuestas que se buscan tienen otro objetivo bien distinto al que comúnmente estamos acostumbrados el sexo masculino.

Por eso hay preguntas y preguntas. Y claro, en un blog como este cuando se habla de preguntas, son preguntas que incomodan, que te hacen revolverte de tu sitio, que te obligan a pensar, en las que la respuesta es lo de menos. Sí, pensar. Pensar en lo que no queremos, enfrentarse a esos pensamientos incómodos que te hacen tomar decisiones. Y en esto, los coach sois verdaderos artistas.

Por eso a mi modo de ver el coach hombre, en mi opinión, tiene una desventaja. Tiene que vencer su impulso natural a resolver el problema, y tiene que aprender a escuchar desde otro punto de vista, desde el que te permite volver a hacer otra pregunta.

Aunque estoy totalmente convencido que todos podemos llegar a un mismo nivel, en esto de saber escuchar y de preguntar ellas nos sacan mucha ventaja.

Iñaki Ruiz

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