Este verano he conocido un poco más a Nelson Mandela, viendo la película Invictus dirigida por Clint Eastwood, y leyendo tanto su autobiografía “El largo camino hacia la libertad” como el ensayo escrito por el periodista R.Stengel, “Mandela´s Way“.

Han sido muchos los aspectos de su vida y de su forma de practicar el liderazgo que me han interesado mucho, pero quizá lo que más me ha llamado la atención ha sido su capacidad de elevar la vista y mirar al futuro, incluso en las circunstancias más duras de su etapa de encarcelamiento, que duró nada más y nada menos que 27 años. No perder la esperanza y la capacidad de mirar lejos, cuando tu contexto es enano, restringido, lleno de injusticias y asfixiante, me parece un logro admirable.

Cuando acompañamos a equipos directivos en sus reflexiones estratégicas y a directivos en procesos de coaching individual, nos seguimos sorprendiendo de la potencia y el impacto que tienen los espacios de conversación en los que se inventa el futuro deseado (los denominamos talleres de visión).  Solemos decir que tienen algo de magia… porque ponen en acción a las personas y equipos que tienen algo que ver en su consecución.

Visión, acción…y aprendizaje. Una vida tan intensa que nos ha regalado muchos y, sobre todo,  uno de ellos que dejo para compartirlo en mi siguiente Viñeta…

Ane Aguirre

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