Cuando yo era pequeña, alguna vez jugué a este juego. En él, quienes actuaban como “hijos” formaban  fila detrás de la “madre”, imitando  cualquier  gesto que a ésta le pasara  por la cabeza. Se organizaba así un absurdo desfile de niños clónicos que disfrutaban entre risotadas de su falta de voluntad, y su obligación de replicar cuanta payasada se le ocurriera al cabeza de fila.

Recordé esto cuando recibí la visita de un amigo argentino, afincado en Europa.  Tras un tiempo fuera, había viajado a Buenos Aires, y al ir a comprar descubrió que la cantidad de monedas circulantes era escasa, lo que complicaba cualquier transacción con  discusiones por el cambio. Así que se decidió a almacenar la mayor cantidad de metal posible, y un día, pertrechado con un montón de piezas en el bolsillo, acudió a un kiosko a comprar prensa. En su afán de acumular, intentó pagar con una moneda de mayor valor para recibir cambio, pero el quiosquero, se negó a venderle el material en esas condiciones. Comenzaron a discutir, y mi amigo, enojado, metió su mano en el bolsillo, y exhibió el montón de monedas que llevaba, diciendo: “usted miente, igual que yo; tiene cambio y me lo está negando”…y se marchó de allí echando chispas, sin su periódico.

Al día siguiente ideó otra táctica, y cuando el quiosquero de turno, se negó a aceptar la moneda que mi amigo le ofrecía so pretexto de que no tenía cambio, mi amigo le dijo: “no se preocupe, quédese con el cambio”, a lo que el vendedor contestó: “de ninguna manera, ahora miro a ver si tengo algo para devolverle”, y a continuación le devolvió la diferencia, centavo por centavo.

Eso me hizo pensar en lo fácil que resulta inducir comportamientos en el otro. El estilo de los directivos de una organización, tiende a ser copiado por los  colaboradores. Pero, a diferencia de los niños-hijo del juego, no estamos obligados a copiar nada que no queramos, y a semejanza de la niña-madre, podemos inducir en otros, comportamientos que consideremos más interesantes. Es responsabilidad de cada cual elegir ser “madre” en una organización estimulante o de una organización tóxica.

Araceli Cabezón

 

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