Cuando Araceli y yo teníamos responsabilidades sobre cultura corporativa y desarrollo directivo, nos sorprendía comprobar lo determinante que resultaba el contexto para lo que una persona “daba de sí”: ” ¿cómo es que fulanito que brillaba en tal área, no muestra ahora ni la mínima capacidad de concentración?,  ¿cómo es que se relaciona tan bien con tal empresa y sin embargo, dentro del equipo ni habla?, ¿cómo es que hay niños cuyo potencial florece o se entierra, según el profesor que tengan?,  ¿cómo es que en aquel proyecto menganito no sobresalía y haciendo esto otro es brillante?………. Nuestras competencias, las actuales y las potenciales, entran en juego y lucen de manera muy distinta en función del ambiente en el que viven.

Por eso, en esto del desarrollo de competencias, propongo un cambio de observador: no se trata sólo de desarrollar competencias en abstracto, sino de encontrar y promover aquellos ambientes, situaciones,  redes de personas, retos,  que hacen que nuestras competencias salgan a la luz, brillen y aporten valor.

Esa es la razón de que cada vez me cueste más escuchar  las presentaciones y defensas de los sistemas de evaluación profesional y competencial que tan de moda se han puesto en los departamentos de RRHH. No digo que no aporten nada, pero estoy muy alerta cuando escucho el tono y la manera en la que son utilizados en muchas empresas. Empezando por la obligada simplificación de la descripción de las propias competencias, y continuando con el escaso conocimiento que en muchos casos tienen quienes aplican sus sistemas de evaluación (como si fueran una vara de medir exacta), por no hablar de la abierta contradicción en que a veces entran las competencias evaluadas y la cultura imperante, hace que en muchos casos más que una técnica útil se convierta en un instrumento que mete ruido innecesario en las relaciones,  y quita energía a las personas para seguir aprendiendo.

¿Líderes desarrollando competencias de sus equipos o  líderes creando contextos en los que cada cual pueda desarrollar y mostrar sus mejores competencias?  Me parece potente la idea del líder como creador de contextos y ambientes, tanto intelectuales, como físicos y emocionales, que consigan aflorar talentos que en otros entornos, simplemente estarían dormidos.

Ane Aguirre

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