Por fin he decidido titular la viñeta como este delicioso poema de  Benedetti .  No puedo saber, evidentemente, en qué pensaba el autor cuando lo escribía pero, desde mi pensamiento cada día más “Vesperiano”, lo que me sugirió cuando lo leí estaba relacionado con la tan traída y tan llevada “asertividad”, de la que tenía ganas de hablar.

Me ha sorprendido darme cuenta de que no tenemos en nuestro blog ninguna entrada (“tag”, le llaman los que saben de estas cosas) referida a la asertividad, aunque Ane sí la trataba en su If you want to sing out, sing out”. Y me sorprende porque en el mundo del coaching es uno de los “clásicos” que se plantean frecuentemente como objetivo de mejora personal. Y se acostumbra a hacer desde el enfoque de “mi falta de asertividad”.

Podríamos definirla como la capacidad de defender y de transmitir con habilidad , sin incomodidad,  sin agredir ni sentirse agredido, nuestras opiniones, intenciones, deseos, preferencias, creencias, sentimientos… Probablemente, una de las razones  de la falta de asertividad esté relacionada con el pensar que no tenemos derecho a nuestra forma de pensar, a  nuestras creencias, opiniones y preferencias.

La buena noticia es que la asertividad no es un término dicotómico que suponga el todo o nada.  Entre los extremos de un estilo pasivo o un estilo agresivo, nuestra conducta puede ser más o menos asertiva y, sin negar su posible relación con determinados rasgos de la personalidad, estamos convencidos de que puede aprenderse, practicarse y desarrollarse como cualquier otra habilidad social.

Jordi Foz

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