Hace casi 3 años escuché por primera vez a Alfons Cornella, fundador y Presidente de Infonomia, en el Polo de Innovación Garaia. Desde aquel día he tenido el placer de escucharle más veces, leerle y conocerle personalmente.  “Cada día, una idea” un lema que define perfectamente una actitud vital comprometida con la innovación.

En aquella ocasión, me encantó una referencia a las elección de los líderes en Google. Entre otras muchas ideas, decía que los elegían  mediante un proceso de detección muy sencillo: observaban qué personas lograban que el resto les “siguiera”. Se trataba de personas que iniciaban un proyecto y conseguían participantes de todos los perfiles o convocaban una reunión o taller y casi nadie quería perdérselo.

Cuántos ejemplos tenemos de directivos que consiguen ese quorum mediante el ejercicio de su jerarquía frente a otras personas con menos “galones” que lo logran por la pasión con la que explican una idea, por el espacio que crean para que el resto encuentre su sitio, por la capacidad de escucha o por su coherencia entre otras capacidades.

Y hablando de liderazgo por los pies, recuerdo una intervención en televisión de un conocido analista deportivo. Comparaba las cualidades de los 2 jugadores de fútbol más destacados del momento que se iban a enfrentar el próximo partido (“el clásico“). El ranking consistía en decidir cual de los dos era mejor en capacidad goleadora, regate, disparo, fair play y liderazgo. El resultado 3-2 a favor de Cristiano. Curiosamente el reparto, aunque coincidió en la suma, fue un poco distinto en el partido 😉

Pero lo realmente curioso fue que el analista se decantó en liderazgo por Cristiano Ronaldo. En ese momento, sin conocer el resultado, me sonreí porque mi percepción era radicalmente opuesta. Otra vez me encontraba con el estereotipo de líder como protagonista de todas las acciones, acaparador de todos los éxitos y reconocimientos…y auténtico Houdini cuando las cosas no van bien. Olvidaba en su elección al que consigue hacer mejores a los miembros de su equipo y al que coge el protagonismo cuando el grupo le necesita. Leo ni pide ni quiere la etiqueta de líder pero cuando se calza las botas en sus pies…sus compañeros le siguen al fin del mundo.

Por otra parte, la etiquetas no suelen ser buenas porque son limitantes, dejan poco espacio al cambio y, en ocasiones, ponen el listón demasiado alto (todavía recordamos un caso en el Athletic) . No obstante, a veces, han surtido efecto y han logrado que el líder haya sostenido el reto convirtiéndose en lo que le etiquetaron. Os recomiendo este artículo. La historia del pequeño Earvin ¡Realmente mágico!

Oscar Garro

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