¿Crees que los puedes distinguir?

Así que, ¿crees que sabes distinguir el cielo del infierno?

El cielo azul del dolor

¿Sabes distinguir un campo verde de un frio raíl de acero?

Una sonrisa de un velo, ¿Crees que lo puedes distinguir?

Este es un fragmento de la canción de – Pink Floyd – Wish you were here, excelente música y letra, que me ha hecho reflexionar.
En esta sociedad en la que vivimos, nuestros problemas nos parecen muy graves, tanto que casi pensamos que hemos llegado al infierno….

Pero ¿realmente son tan graves?. ¿y si se los contáramos a los de Haiti, Uganda o los famosos rumanos que son expulsados de Francia? ¿No pensarían que nosotros estamos en el cielo? ¿De verdad crees que  sabes distinguir el cielo del infierno?

¿Crees que el problema con tu pareja, con tu jefe es el fin? Estamos en una sociedad, en la que nos ocupamos y preocupamos de “nuestros infiernos”, del que no podemos salir, y no nos damos cuenta que tenemos las puertas abiertas, y que además seguimos estando en el cielo. El primer paso para salir de un infierno, es darse cuenta de que no es un infierno… Por mucho que nos preocupemos, señoras y señores, aquí estamos en el cielo!!!

Iñaki Ruiz, Vicepresidente del Colegio Vasco de Economistas

7 comentarios sobre “¿Crees que los puedes distinguir?

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  1. Gracias Iñaki por recordarme la importancia de relativizar nuestras supuestas desgracias.

    Cuando el horizonte parece ponerse negro, a mí me gusta recordar lo afortunado que soy revisando lo bien que me va en lo verdaderamente importante de mi vida.

    En este sentido, me gusta un concepto que manejábamos en CTI que era Metavisión. Es como si tomásemos un helicóptero, nos elevásemos hacia el cielo y, habiendo tomado distancia, valorásemos el supuesto problema desde una perspectiva más amplia.

    Con todas sus relativas pegas, no cambio mi cielo por ninguno.

    Un abrazo.

    Víctor.

  2. No hace mucho recordaba el escalofrio que tuve siendo niña, al finalizar la película de “El planeta de los simios”, todo el rato ansiando llegar, buscando…y estaba allí desde el principio. Sin un matiz tan catastrófico como en la peli,¡cuanto nos cuesta a veces reconocer el paraiso en que vivimos!. Me ha encantado tu reflexión.

  3. A nivel personal, no puedo estar más de acuerdo. A mi me recuerdan estas diferencias mi Mujer y mis Niños. Cada vez que les veo sonreir y el amor que nos transmiten, me recuerda que estamos en el “cielo”.

    En lo profesional, me sirve de reflexión como Directivo. Tenemos la obligación de relativizar. De no hacer parar a toda una Organización por “infiernos” que no son tales y por avanzar desde el “cielo” “relativo” en el que muchas Empresas, Áreas, Departamentos, estamos.

  4. Gracias por la reflexión, Iñaki. Hablando de cielos e infiernos, y de distinguirlos, hoy estoy muy impresionada por una película-documental que vimos ayer Víctor y yo, titulado “The Age of Stupid”, que nos pone delante del reto de reaccionar para seguir pudiendo disfrutar del “cielo”, y para extenderlo a otras partes de mundo… Recomiendo la peli para tomar conciencia de lo que nos jugamos si seguimos sobre-explotando los recursos naturales y sobreconsumiendo…

  5. Gracias por tu comentario Iñaki. La mirada que nos brindaste el Viernes me gustaría aplicármela a intervalos regulares, una mirada de helicóptero, como dice Víctor sobre nuestros cielos e infiernos. Los ingleses acostumbran a decir, cuando alguien se queja: “count your blessings” (ten en cuenta tus bendiciones).

  6. Me ha encantado la viñeta y me han encantado los comentarios, especialmente, el de quien “no cambia su cielo por ninguno” …
    Identificar, tomar conciencia y valorar nuestros cielos, cielitos o pedacitos de cielo … Ufffff, casi nada !!! Pero cuando se consigue, ahí se queda esa actitud, creo que para siempre. Gracias Iñaki y un fuerte abrazo,
    Jordi

  7. En el máster de coaching me he dado cuenta de la diferencia entre oir y escuchar. Oir es el sentido físico, escuchar es el sentido metafísico (no sé si esta es la palabra más acertada). Nosotros no escuchamos a todo lo que oímos, así nos va, de guerra en guerra, sea familiar, social o internacional. No escuchamos, primero al sí mismo, después a los demás y a lo demás. El ruido interno que nos distrae, condiciona la vida y nos atormenta, sean prejuicios, cabezonerías, intereses o falsas creencias, no nos deja escuchar lo que yace en lo más profundo. Por eso la mayoría no somos realmente felices, porque eso que yace en lo más profundo no lo dejamos brotar cual fuente de agua cristalina, porque tapamos cualquier rendija por donde brotar. Está todo por hacer, ¿no?
    Juan Miguel

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