Ayer como todos los días salí del trabajo, como casi siempre rápido ya que una parte de mí (la impaciente y explosiva) piensa que el camino habitual a casa es una pérdida de tiempo. ¡a ver cuando inventan el teletransporte inmediato!

Pero al salir, casi me choqué con dos turistas que estaban contemplando un edificio, con esa mirada que sólo utilizas cuando eres turista. Como tampoco llevaba una prisa excesiva, instintivamente miré hacia donde ellos miraban. Y ahí estaba el Teatro Arriaga, como siempre… Mi primera reacción fue seguir hacia donde suelo aparcar mi moto, pero hubo algo que me retuvo. ¡Coño, si El Arriaga tiene un reloj en la parte alta con números romanos! Nunca me había fijado.

Y de repente como por arte de magia, empecé a ver otro Teatro, con sus estatuas, su techo abovedado verde, sus columnas, un edificio magnífico! ¿quién lo habrá hecho? ¿cuándo se hizo?

Fui consciente de que por ese choque con los turistas, de repente mi mirada cambió. Y consciente de ello, al coger la moto, me hice un pequeño recorrido por Bilbao, por los mismos sitios por donde he pasado miles de veces, pero con una “consciencia” y visión diferente. Empecé a ver otra ciudad, miles y miles de detalles que han estado siempre ahí y que nunca me había fijado, quizás porque esta es mi ciudad, quizás porque nunca la había pensado “visitar”. Ahora entiendo lo que dicen mis amigos los coaches cuando hablan del cambio del punto vista del observador.

Y ahora, piensa que eres un turista, que no conoces nada de tu pueblo o ciudad, y visítalo si no lo has hecho. Te sorprenderás!

Pd. Por cierto, el Teatro Arriaga se inauguró el 31 de mayo de 1890 estando dotado de la tecnología más moderna de la época, destacando la posibilidad de poder seguir las actuaciones musicales desde casa por teléfono mediante pago de una cuota de 15 pesetas por actuación. Fuente: Wikipedia

Iñaki Ruiz, Vicepresidente del Colegio Vasco de Economistas y Director de Planificación Comercial de Ipar Kutxa

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