La delgada línea roja” es el título de una larga, impresionante y demoledora película “de guerra” …  antibélica, inspirada en una novela autobiográfica del mismo nombre y ambientada en el Pacífico en la Segunda Guerra Mundial.  Recomiendo verla sin prisa y sin saltarse ni un solo fotograma.

La expresión “delgada línea roja”, está relacionada con el carácter irreductible del ejército británico y con la Guerra de Crimea, cuando medio millar de soldados escoceses – con sus rojas guerreras – aguantaron, en una delgada línea,  la carga de caballería de varios miles de soldados rusos.  Después Rudyard Kipling  utilizó la expresión en uno de sus poemas y  con el tiempo hizo fortuna …

Pero  hoy quiero citarla en el mismo sentido que un antiguo proverbio estadounidense : There’s only a thin red line between the sane and the mad.  Esa “delgada línea roja entre la cordura y la locura” , es la misma que refleja la propia película, en la que sus protagonistas son seres humanos siempre al borde del abismo moral provocado por la guerra.

La “delgada línea roja” es esa distancia, siempre latente y apenas perceptible, entre heroísmo y cobardía, bondad y maldad, civilización y barbarie, serenidad y miedo, salud y enfermedad, felicidad e infelicidad …  Una delgada línea roja en la que no acostumbramos a pensar hasta que algo o alguien “nos la traza de pronto” y sólo entonces, ante un brutal “cambio de observador”, somos conscientes de nuestra enorme fragilidad, de que se acabó “la tregua“, de que lo pendiente se ha convertido en urgente …,  de cuánto daríamos por continuar “al otro lado” de esa delgada línea roja que nos parecía tan familiar y tan estable.

Alguien muy querido y muy sabio me dijo hace poco que “vivimos como si nunca fuéramos a morir …”  y parece lógico que sea así,  y que  no vivamos bloqueados por la conciencia de nuestra propia precariedad.  Pero, probablemente, también deberíamos aprender a valorar un poco más lo que sea que tengamos;  antes de que un día aparezca sin avisar esa “delgada línea roja” y nos divida la vida en dos.  Y, de pronto, nos encontremos situados en el lado en el que nunca hubiéramos pensado ni querido estar.

Jordi Foz

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