Equipos directivos “de cámara”

Hace unos años comencé a hacer pinitos en la música de cámara: servidora al piano y  mi amiga Vicky Mathews a la flauta travesera.  Comenzamos por un dúo facilito, y al cabo de varios ensayos, le pedimos a nuestra profesora que nos escuchara; ¡estupendo, nos dijo,  ya sois dos solistas tocando la misma pieza con instrumentos distintos! ¿qué os parecería ahora empezar a hacer música de cámara?….Nos miramos perplejas y le pedimos que nos acompañara en ese camino.

Lo primero que sugirió fue que probáramos a escuchar a la otra. Tan afanada estaba cada una tratando de hacer bien su parte, que no hacíamos un dúo, sino dos piezas más o menos paralelas. Aprender a escucharnos no fue fácil, pero nos permitió darnos cuenta de que cada una sentía la pieza con un ritmo distinto, de que mientras una hacía una dinámica muy romántica la otra optaba por una más austera, de que una articulaba en un sitio, y la otra respiraba donde el diafragma le permitía; o sea, nos faltaba una visión compartida de la partitura. Así que trabajamos juntas, escuchamos distintas versiones y decidimos cómo nos gustaría sonar. Y así conseguimos acordar tempos, dinámicas y fraseo para traducir el sentido que queríamos dar a la partitura. Nos íbamos acercando, pero cada ensayo nos traía un tropiezo distinto. Con el tiempo aceptamos lo que todos los músicos saben: que es muy difícil una interpretación libre de contingencias. Pero tocar en cámara, a diferencia de tocar a solo, permite que los lapsus, desconcentraciones, nervios, o incluso el deficiente estudio  de uno, sean disimulados por el otro, que  los capta “al vuelo”, y acomoda su interpretación  para dar continuidad a la coherencia del discurso  musical. Esta confianza en el otro no exime al instrumentista de saberse responsable de su parte, y además del conjunto, pero también es cierto que le permite moverse con la seguridad de que sus posibles errores no restarán sentido a la obra, porque los demás  están ahí para garantizarlo. Es decir, enseña a aceptar  los errores del otro y los propios sin desestabilizarse. ¡Sin parangón con la soledad del “solista”!

Cuando ya habíamos descubierto todo esto, nos planteamos alguna pieza a tres, y  le pedimos al joven talento violinista Pablo Díaz Sánchez que nos acompañara. Para nuestra sorpresa accedió, y entonces dimos un paso más: descubrimos cómo gestionar los egos. Los primeros días temblábamos por no estar a la altura de nuestro joven acompañante (él necesitaba un ensayo donde nosotras diez), y además no sabíamos qué protagonismo habría que cederle  en el conjunto, y cuál era el que nos correspondía a nosotras. ¡Nada más fácil!. Un solista brilla por sí solo, pero el intérprete de cámara está al servicio del conjunto. La partitura cede protagonismo por turnos. En ocasiones la función de uno es simplemente subrayar la actuación del otro, y en otras la partitura exige asumir el protagonismo sonoro  mientras los demás apoyan, y todos sirven al conjunto.

Seguimos trabajando y aprendiendo a comportarnos como conjunto de cámara, y en nuestros ensayos una constante:  el placer infinito, lo bien que lo pasamos, la sonrisa con la que salimos .

¿Algún parecido con lo que es un equipo de alto rendimiento? No hablamos de comités de dirección-conjunto de cabezas brillantes. No hablamos de varios directivos que tocan a la vez y con diversos instrumentos  la misma pieza. Hablamos de algo superior, de una entidad diferente, de un conjunto que produce algo distinto, potente,  armónico, eficaz, con sentido…y ¡encima lo hace disfrutando!.

Un team coach acompaña a los comités de dirección para que eso ocurra.

Araceli Cabezón

12 comentarios sobre “Equipos directivos “de cámara”

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  1. Excelente artículo. Un Equipo de Alto Rendimiento es mucho más que la suma de las capacidades individuales de sus miembros y requiere de un nivel de comunicación superior. En el Deporte se puede apreciar con claridad los extraordinarios resultados que obtienen los equipos que consiguen esta conexión. Enhorabuena.

    1. Gracias Imanol. Tú conoces ese campo muy bien. La idea que queremos trasladar a los equipos de dirección es precisamente contraria al tópico de la suma de capacidades: en cualquier caso es una entidad distinta más bien función compleja que sumatoria, y si se hace bien, esa entidad distinta es mucho mejor.

  2. Magnífica reflexión!!. Muy clarificadora, con una exposición donde facilmente puedes visualizar a lo que tiene que aspirar un equipo de dirección, y por contra lo que no tiene que ser.

    Un abrazo,
    Lourdes Camarero.

    1. Muchas gracias, Lourdes. Tú tienes experiencia en dirigir equipos, y muchas veces en soledad…¿qué distinto, verdad?
      ara

  3. Ara, le enviado el post a un cliente con el que estamos trabajando en este tema, y le ha encantado y me dice… Ane, ¿y si además de sincronzarse tienen que crear la partitura “sobre la marcha”? que es el caso que tenemos entre manos, tras una fusión… necesitan además, diseñar la partitura entre todos, GRAN RETO… que la música siga sonando mientras creamos lo que tenemos que tocar. Por cierto, que gestionar los egos en un proceso de fusión, es otro GRAN RETO 😉

    Ane

    1. Gracias, Ane. Mi formación musical es clásica, pero por lo que sé de jazz como aficionada, un conjunto de jazz incorpora en muchos momentos la habilidad que nuestro cliente expresa. Alguien lanza un tema, y los demás improvisan sobre ese tema, y saben cómo bailar juntos en varios planos: unas veces el resto de instrumentistas acompaña (soporta con percusión, piano, contrabajo…etc) ese tema improvisado por uno de ellos, en otro momento hacen un tutti (no sé si se dice así en jazz) y en otros momentos ceden el protagonismo al solista que hace señal de querer hacerlo. Y todo eso sobre la marcha. Pura innovación, pura construcción, puro ensayo error, eso sí, con músicos avezados.
      ¡Bonita metáfora!; dos momentos distintos en un equipo: cuando se está construyendo es como un conjunto de jazz y más adelante puede ser uno de cámara (u optar por seguir haciendo jazz, una vez que han aprendido). ¿?

      ara

  4. Querida Ara, me ha encantado. Una delicia irlo leyendo y poco a poco ir viendo los grandes paralelismos que se dan. Me ha resultado clarificador y hasta emocionante diría yo. Un besazo.

    1. ¡Qué bien leerte de nuevo, Tere!. no sé si a tí te ocurre, pero cuando reflexiono sobre mi anterior vida corporativa frecuentemente me digo: ¡qué bien, lo que aprendí!, y más frecuentemente aún: ¡qué pena no haber sabido esto entonces! (-:

      Un beso fuerte,

      ara

  5. Al hilo de sinfonía o jazz, corto/pego una entrada del facebook de incoade con un comentario clarificador:

    “La función de un director de orquesta es animar a los músicos, enseñarles, llevarlos e inspirarlos para que puedan sacar lo mejor de ellos mismos”. Daniel Baremboin (director de orquesta). Si lo sustituyes por entrenador…

    Iñaki Fdez de Gamboa ¿Sinfonia o Jazz? El director autoritario y la partitura cerrada donde no hay apenas iniciativa del músico es muy problemática en la organizaciones. El Jazz con unas directrices pero con participación y aportaciones de los músicos pueden ser más interesantes.

    Buen finde.

    1. Gracias, Imanol. No sé si comparto mucho el comentario de Iñaki Fdez de Gamboa. Una partitura clásica nunca está cerrada. Por eso se habla de “intérprete”, no de “ejecutor”. Cuando escuchamos varias versiones de la misma pieza podemos comprobarlo: son distintas entre sí. Otra cosa es el papel del director de orquesta. En realidad el director es un instrumentista que tiene un enorme instrumento: ciento y pico maestros distintos. Y él es el intérprete. Lo que ocurre es que esos maestros en muchos casos son a su vez musicazos, y a veces sus concepciones de la obra difieren con la del maestro, o la de éste con el solista que va a interpretar un concierto. En ese caso, acordar la concepción es tarea del director. En la actualidad hay directores que están aventurando un estilo de dirección más colaborativo, pero es tarea difícil. hay también orquestas, como la Orpheus chamber orchestra, que no tienen director y trabaja la interpretación de forma colaborativa, tarea bastante difícil para un grupo muy numeroso (véase el caso: esta orquesta es de cámara, no sinfónica). En cualquier caso, que haya un director que aporte visión global de la partitura, (y si ésta es compartida, mejor), dando las entradas, equilibrando las masas sonoras….sirviendo de espejo al conjunto…es tarea de difícil sustitución. Y de hecho, las grandes orquestas sinfónicas, compuestas a su vez por multitud de directores de grupos de cámara, de otras orquestas, o de solistas, aprenden mucho con el trabajo que hacen con ellas los grandes directores….Y de hecho, en las grandes orquestas Ej. La Sinfónica de Viena, conocemos el nombre “la marca” de la orquesta, no de sus componentes. Para ellos es un timbre de gloria ser maestros en un instrumento tan “perfecto”, que interpreta piezas de distinto resultado si la dirige Karajan o si la dirige Giulini…en fin: la cosa es larga. Por eso yo personalmente nunca utilizo la metáfora del director de orquesta. Me parece muy difícil de manejar. Estoy de acuerdo con Barenboim, pero se calla de quién es la concepción.

      ara

  6. Me ha encantado tu viñeta, Ara. Qué adecuada !!! Una extraordinaria metáfora sobre los equipos de alto rendimiento, con muchos conceptos muy potentes y perspectivas muy sabias : escuchar, confiar, aceptar errores, compartir visión, dar sentido, gestionar los egos, sonreír … !!!!!!! Genial. Qué bueno sentirse un “música de cámara” en un conjunto inigualable !!!
    Un beso,

    1. …¡¡¡y mil aspectos más cosas que tú podrías añadir!!!. Seguro que alguno de tus alumnos de team coaching en la Pompeu toca en alguna forma de conjunto y se le ocurren elementos para añadir. Muchas gracias por tu comentario, Jordi.

      ara

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