Me estoy haciendo fan de “lo sencillo”, alineándome con la propuesta que el profesor Edward de Bono resume en su libro titulado Simplicity. La semana pasada estuve en una jornada sobre innovación y casi todo lo que escuchaba, me sonaba demasiado complejo, liado, lejano a la realidad. Sentía una sensación de agobio y pensaba ¿ya hará falta tanta vuelta para este viaje?. Me pasa cada vez más al observar muchos sistemas de gestión y muchos discursos sobre gestión: cuadros de indicadores imposibles, flujogramas complejos para explicar cosas sencillas, lenguajes rebuscados y deshidratados que nos alejan de la realidad, herramientas informáticas que nos abren tantas posibilidades que nos dejan bloqueados, informes de mil páginas que nadie lee… y sin hablar de las presentaciones en power point que nos confunden y nos despitan de lo esencial.

¿Y si lo podemos resolver directamente sin tanta fase y subfase? ¿y si no necesitamos 100 páginas para justificar esta decisión? ¿y si podemos transmitirlo con menos palabras? ¿y si podemos explicarlo sin transparencias? ¿y si podemos sustituir el acta por unas notas de conclusiones de 10 lineas? ¿y si podemos reducir el número de comités? ¿y si en lugar de marearnos con cien indicadores, nos centramos en los siete esenciales? ¿y si hablamos directamente de lo que nos preocupa? ¿y si…?

Cada día estoy más convencida de que el lema “Make it simple!” es muy útil para muchas situaciones. Yo cada vez lo practico más. El último que me he aplicado es ¿y si en lugar de volverme loca con ocho bolsos, opto por tener sólo dos? No os podéis imaginar el tiempo que he ganado a las mañanas :).

Ane Aguirre

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