… he ahí la cuestión. La cuestión de las “etiquetas” que nos ponemos a nosotros mismos y que ponemos a otros. Hablamos de ellas porque en muchas ocasiones nos inmovilizan, nos atrapan, nos piensan y nos limitan las posibilidades de acción. Hay que decir que también nos sirven de refugio para no hacer esfuerzos por superarnos.

No es lo mismo decir “soy” que decir “estoy siendo”. No es lo mismo. Cuando declaramos soy torpe en esto, soy impuntual, soy optimista, soy un soñador, soy el mejor,… nos invitamos a quedarnos ahí, a asumir sin discusión esa condición que parece inamovible, nos vestimos con esa etiqueta para siempre.  Cuando declaramos estoy siendo torpe en esto, estoy siendo impuntual, estoy siendo optimista, estoy siendo un soñador, estoy siendo el mejor,… nos definimos en un momento y en un contexto. Nos abrimos por tanto a la posibilidad de cambiarnos, de matizarnos, de flexibilizarnos. Por supuesto, si nos da la gana.

Hace un tiempo, mi hijo Mikel que ese día se había resistido a compartir parte de su bolsa de golosinas, me preguntó: “ama ¿yo soy egoista?”. Como yo ya había aprendido la distinción pude contestarle conscientemente: “No laztana, no eres egoista, tu comportamiento de hoy con las chuches, ha sido egoista,  pero otro día puedes elegir compartirlas y ese día estarás siendo más generoso”.   Me sonrió reconfortado,  porque le abrí la posibilidad de elegir un comportamiento diferente y eso le quitó probablemente  parte de la culpabilidad que sentía. Aunque ahora que lo pienso, también le quité la excusa perfecta para seguir quedándose con todas las gominolas, la magnífica justificación de “es que yo soy así”.

Ane Aguirre

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