Hace un par de meses tuve el privilegio de impartir, junto con mi buen amigo Joan,  una clase sobre “coaching en el ámbito empresarial”, dentro del Postgrado de Coaching del Idec-UPF de Barcelona (Instituto de Educación Continua – Universidad Pompeu Fabra).

La sesión  fue en sábado– un precioso y soleado sábado de mayo que invitaba muy poco a encerrarse en una aula– y empezó además a las nueve de la mañana para acabar a las tres de la tarde … Escenario de “cierto riesgo docente”.

Después de la pausa de media mañana, cuando reemprendíamos la clase, una de las alumnas dijo que “quería decir una cosa en nombre de todos” y a continuación, sencillamente, dijo que … “quería darnos las gracias”.  Por las horas  que estábamos compartiendo, por haber conseguido captar su atención,  y por nuestro interés y nuestra pasión en lo que estábamos explicando.  Me pareció un acto – el de agradecer – tan maravillosamente sencillo como potente. Podéis imaginar nuestro “subidón” y lo emocionante de recibir el regalo imprevisto de un reconocimiento tan generoso …

Cuando agradecemos – de verdad y desinteresadamente – el foco lo estamos poniendo en la otra persona; estamos valorando su interés, su esfuerzo, su amabilidad, su qué y su cómo …  Y de alguna manera  le estamos diciendo que “nos hemos dado cuenta”, que lo hemos recibido, que lo apreciamos  y que le estamos agradecidos.

Desde aquel día procuro practicar aún más el ejercicio de la gratitud y resulta que, además  de facilitar la relación, la complicidad y la confianza, me hace mucho más sensible a la perspectiva “del otro” y a entender mejor eso que todos sabemos : que además de la mía, existen otras formas de ver las cosas.

Jordi Foz

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