Me encantó como Jordi, en su viñeta de la semana pasada, hacía alusión a la importancia de practicar el acto del agradecimiento. Considero que, en muchas ocasiones, “suponemos” que el otro sabe que agradecemos lo que ha hecho o lo que ha dicho y le hurtamos la posibilidad de que sepa que lo valoramos.

En las empresas nos encontramos frecuentemente con ese “hurto” junto con otros como el reconocimiento auténtico (“…pero si es su obligación, trabajar bien…”) o las peticiones (“…para qué se lo voy a pedir, lo tendría que saber…”). Como Jordi, procuro practicar todos los días aunque esta semana me he dado cuenta de que me faltan otros “hábitos” muy saludables.

El lunes falleció una persona muy querida por mi…pero ¿él lo sabía?. Era un hombretón parco en palabras que de niño me producía una mezcla de miedo y respeto y que me parecía ¡un gigante! Eso sí, cuando vió que el pequeñajo (en eso no he cambiado mucho) se caía en un río, no dudó un segundo en tirarse a por mi. Enseguida comprendí que en el gigante y en su parquedad se escondía una maravillosa persona que mantenía la distancia pero que siempre estaba dispuesto a ayudar.

Hace ya bastantes años un maldito alemán le robó el pasado pero su mujer y sus hijas le regalaron un presente tan cariñoso que les permitió soñar con un futuro. Un presente en el que no faltaban las palabras optimistas y las contínuas muestras de amor…aunque él las olvidara o…precisamente por eso.

¿Cuántas veces nos guardamos un “te quiero”? Por mi parte, gracias a esta lección, procuraré no guardarme demasiados no vaya a ser que no lo sepas o… que te olvides.

Oscar Garro

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