Recientemente he conocido dos historias que me han hecho reflexionar sobre cómo nuestra capacidad de establecer relaciones de confianza con los demás y con el entorno en el que nos desenvolvemos  puede ser determinante cuando se trata de superar nuestras limitaciones.

Albert Casals es un barcelonés de poco más de 20 años, a quien una leucemia obliga a desplazarse en una silla de ruedas,  que lleva  recorriendo el mundo desde los 14 años en autostop y sin apenas dinero. Simon Carnochan es un joven londinense, que siguió a su equipo ciclista favorito durante el pasado Tour de Francia, pero invirtió para ello poco más de 40 euros porque, al no disponer de dinero, fue pidiendo ayuda para conseguir su sueño a los integrantes de la gran caravana del tour: equipos ciclistas, periodistas y aficionados.

Ambos decidieron lanzarse a la aventura de perseguir lo que les hacía felices, contando con muy pocos medios pero confiando en la ayuda de aquellos a los que se encontraban por el camino, y que, inspirados por sus historias personales, no dudaron en facilitarles transporte, comida, un lugar donde dormir y amistad y compañía.

Pero, más allá de lo extraordinario de estas historias, me ha sorprendido comprobar que despiertan en algunas personas actitudes críticas : “eso está bien para jóvenes sin sentido de la responsabilidad”, “más le valdría trabajar para pagarse sus gastos”, o “el mundo no es así, ni la gente tan generosa”…  Lo que yo creo es que el mundo y la gente, en parte, a veces, sí es así y que podemos confiar en ella a lo largo del camino… como dice Albert “Cuando haces lo que de verdad quieres, el universo entero conspira a tu favor”.

Nerea Goikoetxea

Responsable de Calidad de Tamoin

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