¿FLIRTEAMOS?

Hace unos años los divertidos, fundamentosos e impronunicables  economistas suecos Jonas Ridderstrale Kjell Nordström, autores del best seller Funky business  hablaban de corporaciones sexy, y de cómo tenían éstas que aprender a seducir a clientes, accionistas y colaboradores  apelando a las emociones.  

Hace unos días alguien cerca de mí se refería a ello, y  mi oído interior tropezaba como entonces con la palabra “sexy”  por lo explícita,  mientras se deslizaba gustoso hacia la palabra seducción, … y lo dejé estar.

Hace unas horas, deleitándome con un número de Harper’s Bazaar he ido a dar con un sugestivo y viejo artículo publicado en 1964 por Mary Jean Kempner, donde hablaba del juego del flirteo, y de cómo su evolución  había terminado matando el concepto: “flirting went to bed and died there”  (algo así como “el flirteo terminó en la cama y allí murió”).  En auxilio de su argumento la articulista traía a colación la definición de flirt de un crítico francés del diecinueve: “attention without intention” (“atención sin intención”). Me rendí ante la sutileza del enunciado y volví mi mirada al mundo de las organizaciones: ¡qué relajado prestar atención al otro sin pretender cobrárselo en el momento, qué higiénico sustituir de vez en cuando el juego de esgrima por el de la seducción,  qué divertido dejar en suspenso cualquier finalidad y dedicarse a lo productivo del instante! ¿Traerá además mejores resultados?

Araceli Cabezón de Diego

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