Silencio

¿Qué sería de una obra musical sin silencios? ¿Y de una conversación sin silencios? ¿Y de una relación sin silencios? ¿Y de una vida sin silencios? No me los puedo imaginar… El silencio es imprescindible para escuchar y para escucharnos, para saborear una melodía, para oler el mar, para sentir la alegría y la tristeza, para contemplar un paisaje, para poder interpretar una mirada, para entender lo que está pasando, para escuchar el sonido de las hojas del árbol cuando el viento las acaricia…

Tengo la impresión de que estamos habituándonos demasiado al ruido y al estímulo permanentes. Y de que al convivir menos con el silencio podemos estar perdiendo la capacidad para sacarle todo el valor que tiene. De hecho, caemos fácilmente en la tentación de cortar los silencios lo antes posible, como si nos costara aceptarlos y darles el espacio que merecen. Y así nos perdemos todo lo que tienen que decirnos.

Este verano me he dado el lujo de disfrutar de algunos silencios llenos de sentido.

Ane

… por cierto, aprovecho para hacer propaganda del “modo silencio” del teléfono móvil… es un “modo” que puede utilizarse más a menudo 😉

(la fotografía la tomamos el equipo Vesper hace unos pocos días en la Plaza Igor Stravinsky de París)

9 comentarios sobre “Silencio

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  1. Muy de acuerdo con tu reflexión, Ane. Y aún más, a mi me parece que en este tiempo el silencio, definitivamente, ha perdido la batalla … Parece como si a muchas personas se le hiciera realmente insoportable. El escritor, poeta y ensayista alemán Enzensberger – Premio Principe de Asturias en 2002 – dice que “el silencio y el espacio son los lujos más caros de nuestra época”. Personalmente, soy bastante radical en esto : los espacios de silencio me parecen absolutamente imprescindibles para muchas actividades, incluidas la lectura, el recuerdo y la reflexión. Y, como no, para una buena conversación …
    Jordi

  2. Totalmente de acuerdo tanto en lo que se referiere al valor del silencio como en que cada vex es más difícil preservarlo. Lo he vivido estos días, rodeada en la playa de adolescentes a los que no le basta que el sonido de las olas se diluya con el ruido de los veraneantes de agosto (nada que objetar a ésto, tienen todo el derecho a estar ahí), sino que precisan en todo momento tener música sonando en su móvil,…una pena.

    Estupendo el post.

    Nerea

  3. Me ha gustado mucho Ane y estoy de acuerdo. Sabes que no hace tanto tiempo acudí a una sesión de zen de seis horas; el silencio fue absoluto por parte de los asistentes; solamente la persona que dirigía hablaba, muy lento y susurrando. No se me hizo largo y llegué a casa con mucha paz e inconscientemente rehuía de los comentarios y preguntas de los demás que no conducían a nada importante, de los que como decía Don José Miguel Barandiarán, sirven para “amueblar el tiempo”. Esa serenidad duró algunos día y la sensación es muy placentera; disfrutas de las pequeñeces que normalmente pasan desapercibida. Valorando el silencio puedes llegar a comprender la película “El gran silencio” que va por derroteros de mayor profundidad.
    También estamos disfrutando este verano del silencio de los días nublados en los que en la playa podemos disfrutar del ruido de las olas al romper en la orilla y del gorjeo de las gaviotas, siguiendo el comentario de Nerea..
    Voy a empezar a practicar el “modo silencio” en el móvil.
    Gracias Anetxu por tu reflexión

  4. Eskerrik asko por vuestros comentarios. Esperemos que vayamos recuperando momentos de silencio, aunque no estén muy de moda y haya que ir un poco contracorriente,.. Ane

  5. Comparto tu reflexión… qué difícil es !!

    Por cierto, no te vi muy silenciosa por la noche en la Aste Nagusia…. supongo que te refieres al silencio a la mañana siguiente… por la resaca y eso… jejeje Bss imanol

  6. Bendito silencio!!
    Por cierto, vengo de pasar unos días en el sur de Francia, en una especie de camping, lleno de familias (francesas, belgas, alemanas, holandesas, etc.) con niños y perros! y había muchísimo silencio… ¿?¿

    1. Sí, da mucha envidia comprobar cómo se comunican con mucho menos ruido que nosotros… parecen no necesitar gritar a sus niños… es mágico 😉 Ane

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