Aprovecho a escribir esta viñeta ahora que estoy borracha, bebida, ebria, beoda, mamada, alcoholizada hasta las patas. Aprovecho ahora que mi controlado cerebro está aturdido, despistado, ahora que mis defensas de apariencia están bajas….por fin es el momento de compartir esta borrachera de verdades, esta necesidad irremediable de soltarlas como puños…..

Qué atractiva y escasa es “la verdad” que en cuanto alguien la menciona, todo son oídos al acecho, sedientos. Pero “la verdad” de la que me gusta emborracharme, no es aquella que consiste en desenmascarar las mentiras de los demás, esa es más fácil, sino la de reconocernos en nuestros propios engaños. Por todo ello, brindo por todos y cada uno de los momentos, solitarios o compartidos, alcoholizados de sinceridad que nos aportan la valentía de ponernos frente al espejo y encontrarnos las trampas. Atrevernos a destapar nuestra vida secreta, que se oculta tras nuestras otras vidas, la pública y la privada, aquella que habla de sinceros deseos, de sueños prohibidos, de voluntades sin recortes presupuestarios.

¡Qué liberador y terapéutico! rescatar nuestras verdades entre tantas máscaras. Qué necesarios los momentos de liberarnos de ella, de darnos el permiso para que salga a borbotones, para poder seguir mintiéndonos.

Y llegados a este punto y por estar “técnicamente” borracha, reflexiono sobre lo apropiado que sería en un proceso de coaching, cogernos una monumental “papalina” de sinceridad, de reconocimiento de todas las mentiras que escondemos en nuestras verdades y de todas las verdades que encerramos cuando mentimos.

Y junto con mis admirados “Los Rodriguez”:  Desde un rincón del mundo, brindo contigo… SALUD!!!!

Beatriz Gázquez

Experta en Innovación Socio-Cultural y Directora de proyectos de Hezithazia

(*): título del cuento del libro “Despistes y franquezas” de Mario Benedetti

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