Uno de los primeros recuerdos que tengo de esconder mi ignorancia me lleva a los felices tiempos de la preadolescencia, cuando en la cuadrilla de amigos se empezaba a tratar los temas del sexo. Yo era de los más jóvenes y cuando oía las intervenciones sobre este asunto, me sonaban a chino. Me limitaba a soltar un “¡Ya te digo!” tras sus comentarios, pues sabía que cualquier aportación por mi parte dejaría al descubierto todas mis carencias en tan importante materia.

Pero a todo cerdo le llega su San Martín y un día te encuentras con una pregunta directa, de la cual no te puedes escapar, rodeado de muchos pares de ojos que esperan una respuesta que desconoces, mientras sientes ese sudor frío que precede al pensamiento de “¡Estoy perdido!” al ser consciente de que no tienes el comodín de la llamada. Se conocen pocos casos en los que se haya salido airoso de esta situación, lo habitual suele ser un interminable silencio en el que tu cara se desencaja o el típico intento a la desesperada previo a un sinfín de carcajadas y abucheos. Las consecuencias pueden ir desde una exclusión de la manada a, como mínimo, pasar a ser un paria con el que no se tratan determinados temas.

Desde aquella época, en la que algunas mujeres dicen que se detiene la maduración mental masculina, he aprendido alguna cosa sobre el sexo pero, sobre todo, he aprendido lo fácil que es quebrar la confianza y lo difícil que es recuperarla. Además de saber que no está reñido el dejar claras tus áreas de mejora con seguir siendo alguien a quien los demás recurren cuando lo necesitan.

Ahora digo más a menudo “No lo sé”, preguntando a quien lo sabe o tratando de buscar la respuesta juntos, especialmente con Mikel, mi hijo, que me pasa el brazo por los hombros y me dice “Vamos a buscarlo en Google”, aprendiendo todo lo que me habría perdido si me hubiera inventado la respuesta para fingir ser un padre omnisapiente. Y no por eso he dejado de ser su referencia a la hora de resolver dudas.

Vulnerabilidad y confianza pueden ir perfectamente de la mano.

Víctor García

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