No puedo resistirme a rendirle homenaje. Nos deja una mezcla de sabiduría, innovación, belleza y coraje. Entresaco unas  palabras del discurso que habréis escuchado mil  veces, y que en Vesper hemos utilizado otras  mil,  para ejemplificar los temas que trabajamos con nuestros equipos directivos.  Las que hoy más me impresionan son  estas:

Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder…No  hay razón para no seguir el dictado de tu corazón…La muerte tiene la virtud de aclarar todo lo que querrías hacer de  nuevo. Ahora lo nuevo eres tú.

Tu tiempo es limitado, no lo malgastes viviendo la vida de otros….no te dejes atrapar por el dogma que supone vivir según el pensamiento de otro….no permitas que el ruido de las opiniones de los demás apague tu voz interior….y lo más importante, ten el coraje de seguir las instrucciones de tu corazón y tu intuición…Todo lo demás es secundario”

Pero él, además de los otros, tenía otro don: permitirse pensar en lo que quería. No todo el mundo se da ese permiso. A mi juicio ese es un paso anterior necesitado de un entrenamiento para el que no sé si basta con el “recuerdo de la muerte”.

Araceli Cabezón de Diego

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