No dudo que Steve Jobs tendría sombras y claros. Como todos.

No obstante, ver que tuvieron que suspender temporalmente la cotización de las acciones de Apple cuando se conoció su fallecimiento, que las presentaciones de nuevos productos no son lo mismo sin él y que, incluso, hay muchos que creen que a Apple le va a costar mucho mantenerse a la vanguardia  de la innovación, me reconforta en parte, aunque no debiera.

Y me reconforta porque, a pesar de que era “crónica de una muerte anunciada” y que, por tanto, se habrán dado todos los pasos posibles para amortiguarla (cómo era lo de convertir conocimiento tácito en explícito, compartir conocimiento tácito, procedimentar la innovación, “contagiar” – ¡cómo si se pudiera!- la creatividad), se demuestra que todavía hay personas únicas e insustituibles. Desgraciadamente, pocas.

Y es increíble que aún queden algunas cuando, como decía Ane, el sistema educativo no es que ayude precisamente y, aunque se habla mucho de innovación, las máximas, en una gran parte de empresas y organizaciones, son normalizar, procedimientar, industrializar, estandarizar… Desde la forma de vestir hasta los entresijos de la gestión. Recetas estándar, para organizaciones estándar con personas estándar.

A mis hijos, cuando eran pequeños, les encantaba un libro de Elmer (de David McKee), un elefante multicolor que sufría lo indecible por no ser uniformemente gris, como los demás. Color elefante, como siempre se ha sabido que tenía que ser un elefante.

A medida que vayan creciendo, no sé cómo se las van a arreglar para ejercitar la moraleja que tanto les enfatizamos utilizando a Elmer como pretexto. Cuando colegio, padres, amigos y -ellos aún no lo saben- empresas y organizaciones, presionen para que sean uniforme y aburridamente grises. Para que no destaquen. Para que sean iguales al resto. Para que pasen desapercibidos. Para que sigan las normas. Para que no cuestionen. Para que se mantengan dentro del estándar, un lugar cómodo y seguro.

Por eso me parece meritorio que todavía pueda haber personas únicas e insustituibles, singulares e imprecindibles. Debe ser que, con la edad, cada vez me cuesta más que no se me trasparenten los colores…

Marta Ozcariz

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