Puede parecer el título de una canción de Sabina … pero que yo sepa no lo es.

Esta estimulante frase, o muy parecida,  se contiene en la obra de Stephen R. Covey, “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”, cuando hace referencia al concepto de  autoconciencia,  término que define como “la aptitud para pensar en los propios procesos de pensamiento,  y que nos permite distanciarnos y examinar incluso el modo en que nos vemos”. Una capacidad específicamente humana que nos diferencia del resto de los animales …

A continuación, Covey cita la teoría del estímulo/respuesta que está en la base del determinismo,  según la cual estaríamos condicionados para responder de determinada manera a un estímulo concreto.  Y para hablar del espacio que existe entre un estímulo y una respuesta, nos remite a la emocionante historia de Viktor Frankl que éste relata en su obra El hombre en busca de sentido”, de lectura recomendable y recomendada en nuestra web.

Frankl era un determinista, psiquiatra  y judío que según cuenta, un día, desnudo y solo en un pequeño habitáculo de un campo de concentración, empezó a tomar conciencia de lo que él denominó “la libertad última”, esa libertad que sus carceleros nazis no podían arrebatarle : la de un ser  autoconsciente,  capaz de ver “desde fuera”, como observador,  su propia participación en los hechos.  En su interior él podía decidir de qué manera le afectaba todo aquello que estaba viviendo. Su identidad básica estaba intacta. Entre lo que le sucedía, o los estímulos, y su respuesta, estaba su libertad, su poder para cambiar esa respuesta. Entre el estímulo y la reacción existe ese espacio donde habita la libertad y el poder de elegir nuestra respuesta. La capacidad de elegir, dentro de las restricciones impuestas por la situación, nuestra actitud personal frente al destino, el “tipo de persona que elijo ser”. Nuestra libertad, nuestra dignidad como seres humanos …

Jordi Foz

Anuncios