Hace unos días releía el post de Ane «Elogio de la sencillez» y me decía a mí misma : ¡qué voluntad !, yo lo de reducir los bolsos a dos, aún ni me lo he planteado. Todavía tengo en uso el rojo, el hiper-pijo, el cómodo, el verde fósforo….. Eso si, hace un tiempo adopté una medida ingeniosa que ofrecían los de Uterqüe (no se qué falta les hacía la diéresis), y es un contenedor donde van tus esenciales, esos de los que nunca prescindes, los que te fuerzan a un sistemático volcado cuando cambias de bolso, los que, de olvidar uno, te hacen sentir incompleta, inconfortable, inerme, y que al final, son tres cosas… De tal manera, que lo único que hay que hacer para cambiar de bolso, es sacar el contendor del bolso cesante, y meterlo en el elegido para la jornada. …y  de repente, le vi gran parecido con los valores  de una organización. Con frecuencia, las  mejores organizaciones utilizan parte de sus recursos (financieros e inteligentzia) a dibujar el territorio cultural en el que quieren moverse para formalizar su estrategia, y definen misión, visión, y valores. Con frecuencia también se definen demasiados de estos últimos. No todos los valores caben en los bolsos circunstanciales que decide vestir una organización;  a veces, incluso, entran en conflicto. En momentos de dificultad las organizaciones, de forma inconsciente jerarquizan, priorizan, y se comportan de acuerdo con dos o tres esenciales. Esos son los que a toda costa una organización quiere mantener. Merece la pena dedicarle un tiempo a « esencializar » la reflexión sobre los valores, para rentabilizar la inversión,  evitar distracciones  y ganar tiempo en la tarea de aprender a comportarnos tal y como deseamos ser.

Araceli Cabezón de Diego

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