¿Alguna vez te has sentido “cerrado por decepción”? Cerrado a la razón y al equilibrio y  firmemente agarrado al reproche, la decepción, el dolor …  Normalmente, decepcionado por algo  … ¡que nadie te ha hecho! ¿Te suena la situación?

En los procesos de coaching ejecutivo acostumbra a aparecer una dolorida afirmación, relativa a algún colaborador,  y  parecida a la siguiente: “Me ha decepcionado mucho. No ha respondido a ninguna de mis expectativas …” Pero cuando formulamos la pregunta evidente : ¿y qué dice esa persona que tanto te ha decepcionado?, la respuesta suele ser sorprendente : “Nada, no dice nada, no sabe nada …(!)”  Y ahí se pone en evidencia que no ha existido ninguna conversación previa, ningún compromiso explícito por parte de la otra persona que, en muchas ocasiones, resulta estar absolutamente ajena a los agravios y disgustos “causados”…  ¿Cómo puede decepcionarme alguien que no se ha comprometido a nada conmigo?

Exactamente el mismo proceso acostumbra a repetirse en cualquier ámbito de nuestra vida. ¿Cuántas de nuestras decepciones sólo se corresponden con nuestras expectativas y no con “sus” compromisos? ¿Cuántos agravios sin resolver vamos dejando atrás, alimentando resentimientos absurdos y persistentes?

¿Por qué no me llama cuando yo lo espero? ¿Por qué no me invita cuando a mi me apetece? ¿Por qué no me dice lo que yo deseo oír?  ¿Por qué no le gusta lo que a mi me gusta? ¿Por qué no adivina lo que me sucede? ¿Por qué no me lo agradece? ¿Por qué mi hijo no estudia lo que a mi me gustaría que estudiara?  En definitiva … ¿por qué alguien no es como a mi me gustaría que fuera?

Las expectativas infundadas pueden causar mucho dolor y dañar irremediablemente una relación. Entre una expectativa y un compromiso  acostumbra a existir un espacio vacío que debería llenarse con una conversación sincera.  Una reflexión madura y serena, sin prejuicios, sobre nuestros sentimientos y emociones; una aceptación sincera del ser del otro y, sobre todo, el arte de hablar y el arte de escuchar … no son nada fáciles, pero suelen evitar muchos disgustos.

Jordi Foz

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