Foto sacada desde la ribera opuesta del río Yamuna

Me habían contado que las vacas y los monos participaban de la vida de las ciudades indias, que andaban por las calles y los tejados con total “normalidad”. También había escuchado a personas que habían visto el Taj Mahal que era una preciosidad, además de haber visto un montón de fotos.

Claro que vivirlo en primera persona es diferente. Llevo unas semanas diciendo “te lo cuento, pero es que para entenderlo es necesario tocarlo, olerlo, sentirlo, escucharlo…”. Tocar el mármol de las paredes, sentir el valor de las incrustaciones que decoran el edificio, verte pequeña al lado de la grandeza de su tamaño, sentir el calor del sol con el que el edificio adquiere una tonalidad nueva, vivir el rato de silencio que ofrece el atardecer al otro lado del río. He preferido poner el ejemplo del Taj Mahal y no el de las vacas y los monos… porque no tengo palabras para describir lo que suponen en la vida de las ciudades.

Por eso, cuando hablamos de transformar la forma de trabajo en la empresa, cuando reflexionamos con los equipos de dirección sobre cómo aplicar ciertos conceptos, solemos decir que sólo se puede hacer viviéndolos en primera persona. Sólo los directivos que hablan del cambio en primera persona (del singular y del plural) y se atreven a experimentar, son los que podrán liderarlo. Todas las aproximaciones teóricas, sencillamente, se quedan lejos de poder producir un impacto significativo.

Ane Aguirre

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