Cuenta la Odisea que cuando Ulises partió a la guerra de Troya, encomendó la educación de su hijo Telémaco, a su amigo Mentor. Con este  episodio de la épica clásica el supuesto Homero puso nombre a una beneficiosísima práctica difundida en espacio y tiempo, antes y después, en Este y  Oeste, en Norte y Sur : el mentoring. Rizando el rizo, en la propia Odisea la mismísima Atenea se disfrazó posteriormente de Mentor para guiar a Telémaco en busca de su padre; Aristóteles fue mentor de Alejandro Magno, el cardenal Mazarino lo fué de Luis XIV, Cristina de Suecia eligió a Descartes, y  Catalina de Rusia hizo lo propio con Diderot; cerca ya de nosotros,  Friedrich Nietzsche fué mentorizado por Bruno Bauer y el mismísimo Al Capone hizo su camino acompañado por la dulce mano de Frankie Yale; sin hablar de Rafael Guerra “guerrita”, que tuvo la suerte de tener en “Lagartijo” su maestro-mentor.

El mentoring es una relación libre entre alguien con experiencia y conocimientos (mentor), que se presta voluntaria y gratuitamente a transmitirlos a otro que quiere aprender (mentado, mentorizado o telémaco como le llaman otros). El mundo está lleno de mentores flotantes, de posibilidades para todos nosotros. Una tía, un amigo, la jefa de un compañero, un colega de otro sector, una profesional que admiro, un… Sólo hay que hay que saber de qué quiero aprender, quién me gustaría que me lo enseñara, y pedírselo…

…seguiremos hablando de ello. De momento, con esta viñeta, rendimos homenaje a  la herencia de Ulises

Araceli Cabezón

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