Andaba yo pensando: “hace tiempo que no escribo un post, ¡qué pereza!, no estoy nada inspirada”. Así que cogí el iphone, receptor de mis inspiraciones, buceé en mis notas en busca de alguna musa…¡y nada!; y por si esto no bastara, me llama mi querida socia y me espeta: “¿a quién le toca este Viernes?” (sutilezas). Total, ¡que me toca! y aquí estoy con la misma agonía que  Lope , pero con la millonésima parte de su gracia.

¡Qué fastidio, qué aburrimiento, qué cansancio, hacer las cosas porque toca, porque hay que hacerlas. ¡Qué divertido, qué ilusión, cuánta energía hacer las cosas porque uno quiere hacerlas! Desde luego, ¡pero no siempre se puede elegir! ¿Seguro? ¡Pues yo voy a elegir! Cierto que  sigue sin apetecerme escribir el post, pero  tengo claro que quiero continuar el contacto de los Viernes con nuestros queridos lectores, quiero contribuir  a generar marca para nuestra empresa, quiero… y para eso voy a escribir ahora mismo este post.  ¡¡¡ya me voy sintiendo mejor!!!, así que para animarme enchufo el 2 mov. del concierto en Sol de Ravel por la Argerich , y la cosa mejora.

Con frecuencia perdemos energía con el tengo que, porque pensamos siempre en la acción inmediata, sin darle sentido, y si esta no nos gusta o nos pilla en mal momento, se convierte en una obligación, cuyo cumplimiento, al ser diferido, genera malestar y culpa. La cosa cambia por completo, cuando nos preguntamos por el fin último de nuestra acción. Al formular la verdadera naturaleza de nuestro deseo (el para qué de esa acción) la vista se alza,  el ánimo cambia, y el tengo que, se convierte en quiero.

¡Va por VESPER!

Araceli Cabezón

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