El “Perro semihundido” de Goya, es una de las pinturas que más interpretaciones y polémica ha provocado.  Durante años, se ha creído encontrar en la actitud del enigmático perro de esta impresionante obra la mejor alegoría de la soledad, del desamparo, de la nada, … o de la muerte.  Incluso se dice que hay quien ha viajado desde  Japón para contemplar en el Museo del Prado este Goya de aparente “inspiración zen”.

Pues bien, aunque al parecer ya se sabía desde hace años, recientemente se ha divulgado que al digitalizar  unas fotografías de Jean Laurent de 1870 (en blanco y negro, naturalmente) de la pintura mural original que estaba en la llamada “Quinta del Sordo”,  se ha podido apreciar que lo que hace el perro en realidad es … contemplar el vuelo de dos pájaros! Dos pájaros cuya imagen se perdió en el mejorable proceso de traslado de la pintura desde la pared a la tela, y que alguien, en su momento,  decidió “resolver” con unos brochazos, creando un espacio vacío que al final ha sido el origen de tanto enigma y tantas interpretaciones y suposiciones.

Cuando leía esta noticia, reflexionaba sobre cuántas veces en nuestra propia vida también tendemos a cubrir ciertos vacíos “a brochazos”.  Los ocultamos para no ver la evidencia de que en ese espacio existía algo que ya no existe …  O también, con qué ligereza (no exenta de cierta lógica) interpretamos a veces aquello que nos parece “la realidad”, pero que realmente sólo es “nuestra” realidad, nuestros prejuicios, nuestras creencias … Ya se dice que “no vemos el mundo como es, sino como somos”

En el ejercicio del coaching intentamos hacer ver que hay cosas que no pueden taparse “a brochazos”, y también que no hay realidades absolutas sino formas de mirar; que además de nuestra verdad, de nuestras legítimas interpretaciones,  existen muchas otras posibles y complementarias – a veces más sencillas – y que a menudo,  el aferrarse a una sola manera de ver, nos condiciona demasiado y nos impide algo tan saludable y necesario como arriesgar y aventurarnos fuera de nuestra zona de confort.

Jordi Foz

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