Es último viernes de mes y toca cine … Y voy a hablaros de una interesantísima – y creo que muy desconocida – película de HBO filmada para la televisión en el año 2001.   Una película que, en mi opinión, es dicotómica : o te engancha y te encanta o te aburre soberanamente y no la acabas de ver.  Lo que me parece imposible es que te puede gustar “ un poco o bastante” …

El 20 de enero de 1.942, cerca de Berlín,  en una preciosa casa junto al Lago Wannsee, se celebró una conferencia que tomó ese mismo nombre,  en la cual se reunieron 20 jerarcas nazis convocados por Reinhard Heydrich (seguramente el paradigma del nazi “perfecto” en todos los sentidos posibles) y organizada en su infraestructura y su eficaz obsesión por el detalle  por Adolf Eichmann, magistralmente interpretados por Kenneth Branagh y Stanley Tucci, respectivamente.

Heydrich, poderoso jefe de la Gestapo y “protector” de Bohemia y Moravia moriría apenas cuatro meses después como resultado de las heridas producidas por un atentado en Praga.  Las represalias por su muerte fueron sencillamente espantosas. Eichmann fue localizado y capturado (¿o secuestrado?) por el Mossad en Buenos Aire en 1960, trasladado a Israel, juzgado y ejecutado.

Del acta de la Conferencia de Wannsee se hicieron 20 copias,  con órdenes estrictas de ser destruidas … pero se encontró un ejemplar en el Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores.  La película, sobria y rigurosa,  se basa en ese único ejemplar, se filma en la misma casa en que se produjo la reunión auténtica y  tiene una duración casi idéntica.  Un guión excelente y una película muy “teatral”, en el sentido de que todo sucede en la misma estancia, prácticamente sin exteriores. Como documento histórico me parece apasionante.

El horror de la película radica en el objetivo de la conferencia. En que, si no fuera por los uniformes y porque sabemos que hablan de seres humanos, … parecería una simple reunión de una corporación cualquiera.  “Sólo” es burocracia, papeleo.  No hay pasión, ni siquiera odio … sólo intereses !   La frialdad atroz, la naturalidad, la eficacia, la “profesionalidad” con las que se habla de una “eliminación” sistemática, organizada, industrializada (evacuación la llaman) de millones de personas, nos lleva al límite más estremecedor de la conducta humana.  Y lo más terrible es que no parecen  seres diabólicos sino aparentemente “normales”; ejecutivos, directivos, burócratas discutiendo los detalles más absurdos de las leyes de Núremberg …

Basándose en el juicio de Eichmann, la  filósofa y politóloga Hannah Arendt escribió su libro : “Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal”.  Su tesis es estremecedora : El mal es a menudo, banal. Eichmann no era inocente, pero tampoco era un monstruo ni un pozo de maldad.  Según Arendt, no había cometido sus terribles actos porque fuera un malvado;  simplemente … “quería prosperar en su carrera profesional!  En determinadas circunstancias, cualquier persona normal puede sucumbir, flaquear y cometer actos “monstruosos””. Todo esto es lo que, en mi opinión,  está magistralmente reflejado en este apasionante telefilm.

Jordi Foz

Anuncios