El pasado viernes, Jordi nos invitaba a ver la película “La solución final” y a reflexionar sobre la manera en la que “el mal” se gana su hueco en las decisiones y comportamientos de personas aparentemente “normales”.

El domingo, dando un paseo con mi ama y comentando el post, me habló de un documental que había visto la noche anterior, “Mamá Tunza (*)” y que me llamó la atención, así que llegué a casa, lo busqué y lo ví.

Era un relato sobre “el bien” y sobre la manera tan natural con la que en ocasiones ocupa un lugar central en las decisiones y la vida de personas aparentemente “normales”. Así, sobre la marcha, la mujer protagonista de la historia, analfabeta y sin recursos, salva la vida de casi 200 niños y niñas que estaban condenados a morir.

Primero uno, luego otro y otra y otro… Sin plan estratégico, ni plan de viabilidad, sin cuadros de tesorería ni estrategias de captación de ingresos… va simplemente “improvisando”, dando respuesta con sus decisiones de cada día a lo que para ella tiene “sentido”, a lo que sin haber sido explicitado ha convertido en una misión. Así, sin más, acepta cada niña que llega a sus manos y confía profundamente en que los recursos y la ayuda llegarán.

Hay un detalle de su relato que me llamó la atención: “hacemos esto gracias a todas las personas que nos envían su ayuda“. Está centrada en agradecer, no en declararse “buena”. Mientras ella está ocupada en el puro presente, deja que el futuro se vaya desplegando para servir a su propósito, a lo que tiene sentido.

Bonita historia.

Ane Aguirre

(*): Tunza en Swahili significa: “La Madre que cuida”. En el enlace tenéis el documental completo y, en este enlace, un corte de minuto y medio. Ambos merecen la pena…

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