Ya llevamos más de dos años compartiendo cada viernes una breve reflexión en este blog. Lo iniciamos con un ánimo muy lúdico, muy “para nosotros” y para nuestros amigos cercanos y cada vez le encontramos más sentido como parte de nuestras conversaciones con nuestros clientes, con colegas, con directivos-coachees, participantes en talleres…incluso con personas que no nos conocen de nada y conectan con algunas reflexiones. Vamos, que hasta hacemos nuevos amigos 🙂

Hoy me apetece retomar el tema de los regalos con el que abrimos el año 2012.  Una de las bases de un proceso de coaching es el feedback. Solemos  decir que “dar feedback” es hacer un regalo, ya que elaboramos una opinión y la entregamos con la intención de que al otro le pueda resultar útil para mejorar.  Cuando alguien se toma la molestia de darte su opinión, te está prestando su manera de ver una situación, su manera de interpretarla y te está diciendo el impacto que en ella produce. Información muy valiosa si quieres ser consciente de cómo se ve desde otros ojos lo que haces, lo que piensas, lo que dices… por supuesto, teniendo en cuenta que es solamente una opinión, no “la verdad”.

Es muy habitual que nos cueste dar feedback y también recibirlo. Tiene que ver con que tendemos a interpretarlo como un ataque, como una crítica, como algo que puede dañar la relación. Y el tema es que sí puede dañar la relación, pero sólamente si se hace “mal”, es decir, sin intención de ayudar, juzgando a la persona en lugar de una acción concreta de la persona y si se hace en un contexto de desconfianza.

Cuando se hace bien, cuando entendemos que el que nos da su opinión nos está ayudando a ver lo que no vemos, nos está prestando sus ojos durante un rato, podemos interpretarlo como un regalo y sólo podemos decir “GRACIAS por regalarme tu opinión sincera“. Luego veremos cuánto nos sirve esa mirada y si queremos utilizarla para algo o no. Porque es sólo otra mirada, nada más… y nada menos.

Ane Aguirre

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