En los últimos días he vuelto a releer una de mis obras preferidas : “El mundo de ayer. Memorias de un europeo” de Stefan Zweig.  Me resulta especialmente interesante, casi conmovedor, el primer capítulo que, de manera muy gráfica, titula : “El mundo de la seguridad”.

Zweig describe magistralmente “la época en la que crecí y me crié”, como “la edad de oro de la seguridad”, (¿?) en la que todo era estable, predecible, garantizado … “todo el mundo sabía cuánto tenía o cuánto le correspondía, qué le estaba permitido y qué prohibido” …  Es en definitiva el retrato de toda una época; de un mundo tranquilo, pacífico, seguro,  previsible, en el cual “nadie creía en las guerras, las revoluciones ni las subversiones. Todo lo radical y violento parecía imposible en aquella era de la razón”.   Y la cuestión es que estamos hablando del período justamente anterior a “La Gran Guerra”, la que luego, lamentablemente, hubo que numerar como la Primera Guerra Mundial; una de las más espantosas masacres de la humanidad.

Y la reflexión que me sugiere es que ni a mi, ni probablemente a muchas otras personas, nunca se nos hubiera ocurrido definir aquellos tiempos (más o menos entre 1870 y 1914) como una época precisamente  de seguridad y confianza.  Pero Zweig – desde “allí” – sí lo hace, y lo hace con mucha rotundidad y con ejemplos muy concretos.

Así que llego a la conclusión de que debe de ser una cuestión de perspectiva.  La que la RAE define como : “Visión, considerada en principio más ajustada a la realidad, que viene favorecida por la observación ya distante, espacial o temporalmente de cualquier hecho o fenómeno” …  Y pienso, entonces, que cuántas cosas que vivimos y que sentimos en nuestra vida son también una cuestión de perspectiva; de observar con una cierta distancia, espacial o temporal …  Y me parece que a la perspectiva le sucede  lo mismo que a la experiencia : que  acostumbramos a tenerla  cuando ya no nos hace tanta falta …

Y es justamente por eso que en Vesper nos gusta compartir nuestra experiencia,  y acompañar a nuestros amigos en el apasionante proceso de  cuestionar y ampliar sus formas de mirar y sus perspectivas.

Jordi Foz

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