Acaban de terminar los Juegos Olímpicos de Londres. Es curioso como cada cuatro años nos pasamos horas viendo unos deportes que, en otras circunstancias, pasarían desapercibidos. La semana pasada me sorprendí viendo emocionado una final de natación. Enseguida recordé otro de esos momentos en una piscina olímpica que se produjo hace 12 años.

Sidney 2000. Un “nadador” de Guinea Ecuatorial competía en la clasificación de los 100 metros libres. Sus compañeros de aventura (de Tayikistán y la India) fueron descalificados en la salida. Obviamente, su destreza dejaba bastante que desear. Eric se quedó solo…ante el peligro. El primer largo se le hizo eterno pero lo del segundo…Casi se ahoga!

Las risas del principio se tornaron en aplausos y la emoción inundó el recinto. Acabó con un tiempo de 1 minuto 53 segundos, más del doble que los competidores más rápidos e incluso superior a la plusmarca mundial de 200 metros. El emoci0nante vídeo de la competición refleja perfectamente su angustia pero la historia había empezado 8 meses antes.

Eric Moussambani escuchó en la radio que necesitaban voluntarios para representar a su país en natación. Se presentó puntual en el hotel donde le habían citado y le eligieron. Eso sí, las pruebas no fueron demasiado exigentes. De hecho, solamente se presentó él.

Su entrenamiento se basaba en dedicar una hora al día a nadar en la piscina del hotel. A eso de las 5 de la mañana, cuando los clientes todavía dormían, recorría los escasos 17 metros de una de las pocas piscinas de recreo del país. Olímpicas no había ninguna.

Cuando llegó a Sidney y vió su “terreno de juego” alucinó. Pensaba que los 50 metros de la piscina eran el recorrido completo de la pueba. Durante los entrenamientos de los 3 días anteriores a la prueba coincidió con un nadador norteamericano que le ayudó a adquirir unas nociones básicas. Rogers no se creía lo que estaba viendo e intentó evitar que Eric hiciera un ridículo mayúsculo.

Pero de ridículo nada y de risas, menos. Después de aquella inolvidable historia olímipica, nuestro “héroe” se convirtió en el precursor de la natación en Guinea y actualmente es el entrenador nacional en un país donde ahora sí que hay piscinas olímpicas.

Eric se atrevió y, con esfuerzo, humildad y sin verguenza, consiguió convertir un sueño en realidad. En Londres han coincidido, entre otros valientes, un monje jinete, un simpático remero de Níger y un judoka del tercer país más pequeño del mundo. Como Eric, decidieron aprovechar su oportunidad y arriesgarse a explorar esas zonas menos seguras en las que esperan sorpresas que otros llaman utopías.

Y es que a veces merece la pena tirarse a la piscina aunque parezca que no hay demasiada agua…

Oscar Garro

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