Del cuadro de Edward Hopper “Gente al Sol” , cuenta el autor que quiso regalar a los personajes de su obra, “un paraje ideal en el que ensimismarse”. La imagen real era la contemplación de un atasco en pleno centro de la ciudad pero Hopper, con la magia de sus trazos, les regala un paisaje de suaves montañas, de dorados maizales e intenso horizonte azul.

La magia de la pintura hacia posible que Hopper hiciera cosas tan increibles como cambiar el “encuadre” de una situación y ofrecer a sus personajes un contexto mejor. Tal y como relata su mujer, tras posar para su marido en su estudio de Washington Square, “quiso Eddy que, el sol que entrara por la ventana y calentara mi piel, fuera la luz de nuestra casa de verano”.

¿Podemos nosotros transformar nuestros paisajes?, ¿podemos reencuadrar nuestras realidades ordinarias para convertirlas en experiencias extraordinarias?

(*): Robert Henri

Beatriz Gazquez, Directora de proyectos de Innovación Socio-Cultural

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