En mi reciente viaje a NYC tuve la oportunidad de verle en 2 películas. Su cara me sonaba pero no recordaba haberle visto en otras y me dije a mi mismo “este chaval trabaja mucho”, una frase que usan las madres cuando hablan de cine 🙂

La primera, Drive, es una magnífica cinta en la que Ryan Gosling brilla con luz propia. El hábil conductor oculta bajo su meticulosa profesionalidad una ternura y violencia a flor de piel. Peter Travers de Rolling Stone lo describió como “dinamita en el papel de silencioso estoico, que irradia misterio”.

En la segunda, Los idus de marzo, interpreta al director de campaña de unos de los candidatos demócratas (George Clooney) en las primarias de EEUU.

Ryan vive la traición en sus propias carnes y pierde su virginidad política en unos días muy señalados de los que proviene el nombre de la película.

Un excelente actor que destaca por sus papeles de hombre tranquilo al que curiosamente, siendo joven, le diagnosticaron un trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y le “colocaron” en una clase para estudiantes con “necesidades especiales”.

Era una opción pero no la que eligió su madre. Ella dejó su trabajo, le saco de allí y decidió educar al chico especial en casa.

Ryan, para mi el nuevo Steve McQueen (también diagnosticado con TDAH…), era y es especial pero, ¿era razón suficiente para separarle de los supuestamente “normales” y juntarle con los “raros”?

Oscar Garro

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