«Edifiquemos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue hasta el cielo. Hagámosnos así famosos y no sigamos dispersos por más tiempo sobre la faz de la Tierra»Así se narra en la Biblia (Génesis 11:1-9)  la gestación de una de las metáforas arquitectónicas más sugestivas de la imaginación occidental: la torre de Babel. 

Recientemente un amigo me hacía llegar una cita de Aaron L. Mackler en su obra “Universal Being and Ethical Particularity in the Hebrew Bilble” (The Journal of Religion, The University of Chicago, 1999) en la que recoge unas cuantas interpretaciones rabínicas del fascinante episodio de esa construcción. Según algunos exégetas “el problema (de Yahveh) con los constructores de la torre era que querían imponer un orden uniforme a toda la humanidad”. Abundando en esa consideración descubrí más matices en el afán de los constructores por terminar con la dispersión: estemos todos juntos, localizables, controlados; habitemos el mismo mundo, pensemos de la misma forma, tengamos el mismo objetivo (por entonces, según la narración, tenían la misma lengua), veamos todos lo mismo, seamos iguales… Yahveh lo vió y se dijo«He aquí que todos forman un solo pueblo y todos hablan una misma lengua….Pues bien, descendamos y allí mismo confundamos su lenguaje de modo que no se entiendan los unos con los otros».  De esta forma Yahveh impidió la construcción de la ciudad y los dispersó por el ancho mundo.

Lo que me gusta de esa interpretación rabínica es la idea de un Yahveh ofendido por el deseo totalitario de la uniformidad. Lo que me resulta paradójico es que impusiera como castigo a esa pretensión lo que a mi juicio es un premio: la multitud de lenguas, la dispersión geográfica, la variedad de culturas, la riqueza de puntos de vista, en definitiva la bendición de la diversidad. Diversidad contra totalitarismo, diversidad contra aburrimiento, diversidad contra ignorancia; diversidad para la riqueza, diversidad para la creación, diversidad para sentirse libre. Más difícil si, pero da sentido a la vida.

¿…y a las empresas?

Araceli Cabezón de Diego

Anuncios