WhatsAppEn una reciente viñeta, Ane hablaba de la distancia y de la “brecha inevitable” (en palabras de Echeverría) que se producen en todo proceso de comunicación, entre lo que uno dice y lo que el otro escucha, y citaba también algunas de nuestras posibles acciones para intentar minimizar esa brecha.
Su reflexión me recordó algo que me sucedió hace poco y que, si no tanto con la escucha, sí que está relacionado al menos con la comunicación.
Hace unas semanas me disponía a contestar un “whatsapp” (hubo un tiempo en que la gente se escribía cartas!) y me encontraba en ese estado de ánimo en que no me bastaba una respuesta convencional, de compromiso. “Necesitaba” decir alguna cosa más a la otra persona, ser más claro; aunque intuyera –o quizá precisamente por eso- que mi respuesta podía modificar “no sé cómo” el tipo de relación que manteníamos.
Tampoco nada dramático. Sólo se trataba de quitar a mi respuesta un par de capas de esa “ambigüedad” social con la que a menudo acostumbramos a cubrir la expresión de nuestras emociones y sentimientos.
Me puse a escribir mi whatsaap cuidadosamente, repasé posibles matices e interpretaciones, lo revisé, lo leí en voz alta, tomé aire … y le di a la tecla de enviar.
Supongo que todos hemos vivido situaciones parecidas : por un momento, absurdamente, parece que esperara una respuesta inmediata (?); pero unos minutos después ya me había convencido de que eso requería su tiempo … Fueron pasando los días y como es fácil suponer no dejaba de darle vueltas a la cabeza intentando imaginar algo tan imposible como qué habría interpretado la otra persona;  y pasando en mis elucubraciones del “blanco al negro” a través de todas las tonalidades posibles : ¿me he pasado? ¿no he llegado? ¿he sido demasiado brusco o, por el contrario, ni se ha enterado?
Transcurrida casi una semana de perplejidad (me había preparado para cualquier respuesta menos para la falta de respuesta); aún no sé por qué se me ocurrió mirar el móvil … y sí, efectivamente, allí estaba mi mensaje, en la bandeja de salida … y sin salir, claro! Como mirándome, burlón, con expresión de ¿qué te parece? ¿cómo lo ves? Creo que estuve mirándomelo un buen rato, incrédulo, con cara de pasmarote …
Así que, otra cosa que podemos hacer para asegurarnos la comunicación y reducir la brecha que citaba Ane es, sencillamente, una vez más, … no dar nada por supuesto y asegurarnos de que nuestro mensaje ha llegado al destinatario. Y tener claro que aún hoy, cuando ya casi nadie se escribe, todavía hay “cartas” que no llegan …

Jordi Foz

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