diferenciasRecuerdo que en algún sitio,  Lévy Strauss, negando el universalismo radical, citaba  a Montaigne en una frase como “La resemblance fait moins un que la difference ne fait autre“, algo así como “el parecido nos hace ser menos uno, que la diferencia nos convierte en otro“;  o sea,  que por mucho que nos parezcamos a alguien, siempre notaremos mucho más lo que nos separa de él que lo que nos une; o sea, que notamos más lo distinto a nosotros que lo similar a nosotros, o sea, que moverse por ahí globalmente, es un encuentro permanente con el “otro”; o sea, que cuando el genovés y los extremeños que descubrieron América describían a sus habitantes con rabo, no lo inventaban: lo veían.

Gestionar equipos multiculturales es una tarea compleja, no sólo porque gestionamos mil “otros”, sino porque además ellos son “otros” entre sí. A muchos les veremos con rabo, a otros con tres ojos. La belleza de la aproximación a este fenómeno por parte de los conquistadores españoles  fue considerar que, aun con rabo, aquellos seres tenían “alma” y eran igualmente “hijos de dios”. Un directivo de equipo  multicultural precisa una doble operación: considerar que “los otros”  a quienes dirige también tienen alma, y convencerles de lo mismo entre sí.

Araceli Cabezón

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