Lorraine Motel. (J.Foz)La historia es la siguiente : mi hijo Oriol y yo estábamos de camino, por carretera, desde Nueva York a Houston – donde él se trasladaba a vivir- y en el tercer y penúltimo día de viaje habíamos decidido hacer una parada en Memphis para almorzar y dar un vistazo rápido a la ciudad. Oriol sentía cierta curiosidad por ver cómo se trataba todo el fenómeno relativo a la figura de Elvis Presley.

Hacia mediodía llegamos a la zona del “complejo” que llaman Graceland y que incluye, tanto la mansión en la que vivió desde los 22 años hasta su muerte, como todo aquello que se ha construido alrededor de esa casa-museo  : restaurantes, aparcamientos, tiendas … Era un día lluvioso y desapacible pero desde el coche podíamos ver largas colas de personas y de automóviles esperando pacientemente para acceder, y familias enteras pululando alegres y motivadas por toda la zona.  En su conjunto, nos resultó un poco “agobiante” y fue Oriol quien enseguida convirtió en palabras lo que los dos estábamos pensando : “esto es como un parque temático; ya está visto, vamos …”

Decidimos, entonces, acercarnos al antiguo Motel Lorraine, en el que fue asesinado Martin Luther King y que luego fue convertido en el National Civil Rights Museum.  El edificio se encuentra en lo que nos pareció una zona algo deprimida y suburbial y muy solitaria.  Seguía lloviznando y soplaba un ligero viento fresco.  Aparcamos sin ninguna dificultad en un aparcamiento relativamente pequeño (y gratuito) prácticamente en la puerta del museo y durante un buen rato nos paseamos por su interior y alrededores.  Impresionaba el silencio, la sencillez, la “cotidianidad” del espacio y una sensación de “recogimiento” reforzada por el hecho de que, en todo ese tiempo, apenas nos hubiéramos cruzado o visto con más de unas pocas decenas de visitantes … La sencilla corona de flores que señala el lugar donde fue alcanzado y, unos metros enfrente, poder contemplar la misma perspectiva que tuvo su asesino desde el pequeño balcón en el que disparó.  Apenas tres calles más allá, nos asomamos a un desierto mirador sobre el impresionante y majestuoso Mississippi …

No hay moraleja. O por lo menos no me considero legitimado para interpretarla. Simplemente, me dejé dominar por las emociones y por la sensación de estar viviendo unos minutos intensos que pasarían a formar parte de mis recuerdos … Sí es cierto que, una vez más y también sin respuesta, además de reflexionar acerca de lo complejos y apasionantes que somos los seres humanos, me planteé la persistente distinción entre  “aceptación” (las personas elegimos libremente lo que nos interesa o no nos interesa) y  “resignación” (las cosas son como son y no como a veces nos gustaría que fueran …”).

Jordi Foz

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