Foto de parte de un cuadro que nos encontramos en Ganpati Guest House en Varanasi (India)

Hace unos meses, una amiga me mostró este proyecto y este lema: I´mperfect.

Este martes un amante del golf me regaló y recomendó un libro titulado “El Golf no es el juego de la perfección

Y ayer me reencontré con esta leyenda japonesa:

En un antiguo monasterio el monje jardinero llevaba varias semanas preocupado. Había anunciado su visita el abad de otro cenobio cuyo jardín era reputadísimo, e importaba no desmerecer ante sus ojos. Para eso el monje venía perfeccionando el pequeño microcosmos de su jardín, repasando las ondas de arena finísima que representaban el océano, tallando el boj delimitador, aclarando el musgo y los líquenes que envejecían la roca central, símbolo de la montaña sustentadora del cielo. La víspera de la anunciada visita su propio abad acudió a felicitarle, pero el monje se sentía inquieto ante su jardín: algo faltaba. De pronto tuvo una inspiración. Se acercó al cerezo que descollaba entre los arbustos y sacudiéndolo con cuidado logró desprender de una rama la primera hoja del otoño. La hoja osciló despacio en su caída y se convirtió en una mancha amarillenta sobre el verdor impoluto del césped. El monje sonrió: el jardín perfecto quedaba completado con la imperfección. Ahora sí representaba el cosmos.

… y me acordé de la cantidad de ocasiones en las que en procesos de coaching sale a relucir la búsqueda de la perfección como un freno para aprender, para arriesgar y para disfrutar del camino.

Ane Aguirre

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