David PetraeusEl pasado 26 de marzo, en su primera intervención pública en la Universidad del Sur de California tras su dimisión como Director de la CIA, el general retirado David Petraeus decía lo siguiente : “Soy consciente de que el responsable de mi viaje reciente soy yo mismo, así que permítanme empezar mi discurso reiterando que lamento profundamente, y pido perdón, por las circunstancias que llevaron a mi dimisión de la CIA y causaron tanto daño a mi familia, amigos y seguidores” …

La causa de la “caída en desgracia” de uno de los cuarenta líderes más influyentes del mundo según Time, no está directamente relacionada con sus cuatro décadas de servicio en el ejército más poderoso del mundo ni con nada sucedido en sus pocos meses al frente de la todopoderosa CIA.  Curiosamente (o no), lo está con el reconocimiento de una relación extramatrimonial con su biógrafa (?). Pero no se trata de hablar hoy de las causas de la dimisión.  Lo que me impresionó de sus declaraciones fue esa plena e inequívoca asunción de “su” propia responsabilidad. Y me impresionó, seguramente, por lo insólita que resulta hoy esa actitud en nuestro entorno,  y también porque siempre me ha parecido muy importante el rol vital, de “víctima” o de “responsable”, que asumimos cada uno de nosotros y que condiciona todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida.

Creo que la cultura dominante propicia excesivamente el papel de víctima en detrimento del de responsable de mis propios actos y sus consecuencias. Hemos hablado de esta cuestión en alguna viñeta anterior y la apasionante actualidad, rebosante de información, nos ofrece ejemplos cada día.

De entre todas las maneras de expresar esta distinción entre asumir uno u otro papel, hace años que me quedé con la que me parece más hermosa, y me la repito como una especie de mantra, seguramente con más frecuencia de lo que me gustaría, cada vez que no soy capaz de conseguir algo que pretendo.  Son unos breves y rotundos versos de un poema de Benedetti, que os invito a interpretar y saborear en su propia voz : “la culpa es de uno cuando no enamora/y no de los pretextos/ni del tiempo”.

Quizá alguien se sienta más cómodo cambiando la palabra “culpa” por la de “responsabilidad”; pero la idea me sigue pareciendo clara : algo tendré yo que ver cuando no enamoro lo suficiente … (y también cuando sí lo hago, claro). Y no hablamos sólo de amor, que también, sino de muchas reacciones tan habituales y cargadas de victimismo cuando algo no sale como pretendemos o alguien no reacciona como queremos.

No se trata evidentemente de culpabilizarse uno de todo; tan solo de poner un poco más el foco en mi acción que … en su reacción. Y preguntarme cuál es mi parte de responsabilidad en todo esto y por qué razón – distinta a “los pretextos y el tiempo” – no acabo de “enamorar” tanto como quisiera.

Jordi Foz

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