Gare Windsor a Montreal (Jordi Foz)Esta fotografía está tomada en la antigua, imponente y rehabilitada Gare Windsor de la Canadian Pacific Railway en Montreal (Quebec), que entró en funcionamiento en 1889 y que hoy constituye un espacio multiuso de interés histórico, aunque bastante desangelado en su interior.

La fotografía ocupa exactamente el mismo espacio en el que estuvo instalada la “billetterie” cuya imagen recoge. El detalle que me llamó la atención está en la parte derecha de la misma : “women’s waiting room” … ¿? (podeis clickar sobre la imagen para verla mejor).

Juzgar hechos del pasado desde la mentalidad presente siempre supone un ejercicio de resultado muy incierto; pero parece evidente que hace unos ciento veinte años construir una sala de espera exclusiva para mujeres era considerado, no ya algo normal, sino probablemente un progreso … Personalmente sólo se me ocurre que pudiera plantearse con un ánimo de “protección” de la mujer en tiempos muy convulsos de grandes migraciones multirraciales,  en las que esta estación era un punto neurálgico.

De cualquier manera, con nuestra mentalidad y entorno cultural actuales,  me parece imposible que hoy se aceptara algo parecido sin, por lo menos, apasionados debates. Alrededor de esta idea me surgen dos reflexiones : la primera es la de si alguien puede creer que, en cuestiones de género, diversidad e igualdad de derechos, y pese a avances evidentes,  hemos llegado a algún “resultado” final, concreto y satisfactorio. Y mi opinión personal es que no; que lamentablemente la historia no es una línea recta de continuo progreso y avances sociales, sino que “zigzaguea” en cuanto nos despistamos;  y que, en materia de derechos, no se puede bajar la guardia ni un solo instante,  ni dar nada por definitivamente conseguido.

La segunda reflexión es que en muchos ámbitos profesionales, geográficos, sociales y culturales, me temo que siguen existiendo aún demasiadas “salas de espera” exclusivas para mujeres … Y aunque algunas puedan ser incluso confortables (otras son terriblemente tétricas), en el siglo XXI nadie debería verse obligado a “esperar”, por razón de género, a su futuro deseado. Y que todos nosotros, cada uno en su propio ámbito inmediato y cotidiano, podemos “empujar” en esta dirección seguramente mucho más de lo que somos capaces de imaginar.

Jordi Foz

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